domingo, 15 de octubre de 2006

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8 de mayo de 2005. Opinión política. De la Iglesia y su financiación ¿Quién debe a quién? por Lo Mut del Maestrat

 

Determinados dirigentes políticos (tanto nacionales como autonómicos), medios de comunicación o determinados articulistas, están hablando mucho en los últimos tiempos sobre la financiación de la Iglesia, pidiendo que la Iglesia Católica deje de estar “mantenida” por el Estado.

 

     

Creo que conviene aclarar que la Iglesia en España está atendiendo – además de las propias de su actividad evangelizadora - una gran cantidad de obras sanitarias, sociales y educativas de las que se están beneficiando sectores de población muy diversos, creyentes y no creyentes. Se calcula que a través de ellas la Iglesia aporta al Estado Español unos 31000 millones de euros.

 

Como simple recordatorio, destacamos algunas:

·        107 hospitales

·        128 ambulatorios

·        305 consultorías familiares

·        5197 colegios y centros educativos

·        876 casas para ancianos y minusválidos

·        937 orfanatos y centros tutelados

·        321 guarderías

·        365 centros de reeducación social

·        Atención a más de 11000 drogodependientes, 1300 enfermos de SIDA, 300000 sin techo, más de 100000 inmigrantes...

 

Otro aspecto muy importante y que algunos parecen olvidar: la aportación del 0,52% [a la Iglesia] del IRPF es libre y voluntaria por parte de aquellos que deseen señalar con una X la casilla correspondiente a este concepto. Por lo tanto, no es el Estado, sino el contribuyente particular, quien decide en qué desea emplear esa parte de sus impuestos. El Estado sólo hace de cauce para cumplir con su deseo. Cada uno puede optar en poner, o no, la cruz en la declaración de la renta.

 

En cambio, del erario público todos pagamos - sin darnos opción - la financiación de los partidos parlamentarios, de los sindicatos mayoritarios, pagamos los sueldos de su gente, de sus liberados, sus campañas electorales y no electorales... ¿Por qué no se plantean su propia autofinanciación todos los partidos políticos y sindicatos (y digo todos)? ¿Qué sería de muchas de estas organizaciones si tuvieran que vivir de las cuotas y aportaciones de sus militantes? Yo que no comparto sus idearios, ¿por qué me obligan a sostenerles? Quizá lo entendiese si estas organizaciones partidistas llevasen a cabo una labor social amplia. ¿Cuántos hospitales mantienen los partidos políticos y los sindicatos? ¿Cuántos asilos? ¿Cuántos centros de día? ¿Cuántas casas de acogida, de enfermos de SIDA, orfanatos, de enfermos terminales, de transeúntes, de marginados? ¿Cuánta gente tienen destinada a trabajar en la reinserción de presos? ¿Cuántos liberados han mandado a países del Sur para dedicar absolutamente toda su vida a los que realmente no tienen nada sin cobrar un céntimo por ello? Postura cínica, donde las hubiere, la de estos profesionales de la política. «Consejos vendo, que para mí no tengo».

 

 

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