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Creo que conviene aclarar que la Iglesia en
España está atendiendo – además de las
propias de su actividad evangelizadora - una
gran cantidad de obras sanitarias, sociales
y educativas de las que se están
beneficiando sectores de población muy
diversos, creyentes y no creyentes. Se
calcula que a través de ellas la Iglesia
aporta al Estado Español unos 31000 millones
de euros.
Como simple recordatorio, destacamos
algunas:
· 107 hospitales
· 128 ambulatorios
· 305 consultorías familiares
· 5197 colegios y centros educativos
· 876 casas para ancianos y
minusválidos
· 937 orfanatos y centros tutelados
· 321 guarderías
· 365 centros de reeducación social
· Atención a más de 11000
drogodependientes, 1300 enfermos de SIDA,
300000 sin techo, más de 100000
inmigrantes...
Otro aspecto muy importante y que algunos
parecen olvidar: la aportación del 0,52% [a
la Iglesia] del IRPF es libre y voluntaria
por parte de aquellos que deseen señalar con
una X la casilla correspondiente a este
concepto. Por lo tanto, no es el Estado,
sino el contribuyente particular, quien
decide en qué desea emplear esa parte de sus
impuestos. El Estado sólo hace de cauce para
cumplir con su deseo. Cada uno puede optar
en poner, o no, la cruz en la declaración de
la renta.
En cambio, del erario público todos pagamos
- sin darnos opción - la financiación de los
partidos parlamentarios, de los sindicatos
mayoritarios, pagamos los sueldos de su
gente, de sus liberados, sus campañas
electorales y no electorales... ¿Por qué no
se plantean su propia autofinanciación todos
los partidos políticos y sindicatos (y
digo todos)? ¿Qué sería de muchas de
estas organizaciones si tuvieran que vivir
de las cuotas y aportaciones de sus
militantes? Yo que no comparto sus idearios,
¿por qué me obligan a sostenerles? Quizá lo
entendiese si estas organizaciones
partidistas llevasen a cabo una labor social
amplia. ¿Cuántos hospitales mantienen los
partidos políticos y los sindicatos?
¿Cuántos asilos? ¿Cuántos centros de día?
¿Cuántas casas de acogida, de enfermos de
SIDA, orfanatos, de enfermos terminales, de
transeúntes, de marginados? ¿Cuánta gente
tienen destinada a trabajar en la
reinserción de presos? ¿Cuántos liberados
han mandado a países del Sur para dedicar
absolutamente toda su vida a los que
realmente no tienen nada sin cobrar un
céntimo por ello? Postura cínica, donde las
hubiere, la de estos profesionales de la
política. «Consejos vendo, que para mí no
tengo». |