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7 de febrero de 2005. Opinión política.
La cuarta carlistada y la quinta estupidez.
por José Javier Esparza |
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Siempre se le ha reprochado a la izquierda,
y con razón, que falsee la historia para
hacer mitología. Un mito tan absurdo como el
de la "legalidad republicana" en el año 36
(singular tipo de legalidad donde policías
de paisano asesinan al jefe de la oposición,
por ejemplo) ha alimentado y sigue
alimentando el imaginario guerracivilista
del socialismo. |
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Pues bien: de modo paralelo, en los últimos
meses, y a propósito del Plan Ibarreche, un
mito de pareja debilidad está surgiendo en
la derecha oficial. Según tal mito, el
movimiento secesionista vasco sería "la
cuarta carlistada", esto es, la cuarta
guerra carlista (prolongada por otros
medios), y la "resistencia nacional" sería
un avatar del liberalismo esparterista y
centralizador, súbitamente investido hoy de
profundas virtudes modernizadoras.
El nacionalismo es un movimiento moderno; el
carlismo es un movimiento tradicional. El
nacionalismo del PNV aspira a una república
independiente y homogénea vasca (sea esto lo
que sea); el carlismo aspiraba a una
monarquía hispánica en la heterogeneidad de
los derechos tradicionales. El nacionalismo
es un constructo teórico en cuyo centro está
una nación-pueblo (real o ideal); el
carlismo bebía en una doctrina de carácter
religioso en cuyo centro está Dios. ¿Qué hay
en común entre el carlismo y el nacionalismo
vasco? Sin duda es sugestivo que en lugares
como el País Vasco haya habido tales o
cuales fenómenos de continuidad entre la
boina roja (Dios, Patria, Rey) y la retórica
jeltzale (Dios y Ley Vieja), pero ¿por qué
esa continuidad no se ha producido en
ninguna otra zona de tradición carlista: ni
en el Maestrazgo, ni en Andalucía, ni
realmente en Navarra? Puede que el
nacionalismo vasco haya actuado como
"doctrina de sustitución" para un problema
foral mal resuelto, pero, ¿por qué no ha
ocurrido lo mismo en otros lugares? Por una
sencilla razón: porque el carlismo y el
nacionalismo son doctrinas poco
conciliables. Se diga lo que se diga en
"Madrid".
Respecto a quienes predican esas cosas,
choca ver tal reivindicación del liberalismo
esparterista en voces que al mismo tiempo
defienden "la religión". ¿Qué imposible hilo
puede vincular a los "exaltados" del
Trágala, servilón, los liberales del XIX,
aquellos comecuras atiborrados de credo
masónico, con los defensores del "centro
reformista"? Otro día exploraremos las
respuestas.
Lo sustantivo: en el fondo, todo eso de la
"cuarta carlistada" no es más que una
pantalla para disimular la verdad, a saber,
que el secesionismo (vasco, catalán, pronto
gallego) es producto directo del deficiente
diseño del Sistema del 78. O sea que, para
salvar los muebles del Sistema del 78,
cerramos los ojos a la evidencia, nos
imaginamos un nuevo Sitio de Bilbao y le
echamos la culpa a Zumalacárregui. Y a esto
lo llamarán "sentido del Estado".
El mejor modo de no resolver nunca un
problema es plantearlo de manera equivocada.
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