martes, 10 de octubre de 2006

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4 de abril de 2006. Opinión política. Rinocerontes. por Al Forfón

   

Parecía broma, cada vez, y no lo era.

 

El positivismo de nuestros gobernantes actuales es sumamente curioso. Uno diría, por su obsesión en cambiar los textos de leyes y más leyes, a cual más peregrina, que tienen una fe ciega en la potencia transformadora de las leyes escritas, combinada, eso sí, con una curiosa habilidad impune para no aplicar las que consideran lejanas a su agrado.

   

La ley de educación tenía que haber entrado en vigor. No lo hizo. La ley del aborto tenía que haberse aplicado restrictivamente, como excepción que es a la norma general que, nadie lo diría, es la penalización del aborto, considerado como delito. Lo que se aplica restrictivamente, y mucho, es la regla, no la excepción.

 

Los ingleses decían, hace ya algún tiempo, en plan jocoso, que el Parlamento inglés podía hacerlo todo, excepto convertir a un hombre en mujer; no me queda claro si sigue sin poder hacerlo, pero parece que el Parlamento español ha decidido superar las limitaciones de su colega británico y convertir cualquier situación de convivencia en matrimonio. Y, últimamente, dos hombres o dos mujeres pueden ser progenitores de alguien que nació de otras dos personas.

 

Hace un par de décadas, en Canadá, apareció un partido político extremadamente "sui generis": se llamaba el Partido de los Rinocerontes, y uno de los puntos principales de su programa consistía en la abolición de la Ley de la Gravedad. Recientemente, en Vizcaya se ha presentado a las elecciones el Partido del Karma Democrático, otros que tal. Pues no parece sino que los que nos gobiernan les estuvieran disputando el electorado.

 

Con todo el jaleo éste del "Estatut", lo más triste de todo esto son las peleas en torno a conceptos más o menos jurídicos. Y ahí viene el debate sobre la nación. Si España es o no una nación, o si lo es Cataluña, es algo que no viene derivado de que esté escrito en una u otra ley ¡Pues menuda nación es ésa que necesita para serlo que su condición sea reconocida en un texto legal!

 

España será una nación, o lo será Cataluña, no cuando la Constitución, o el Estatuto, o la ley que sea, lo deje escrito negro sobre blanco, sino cuando exista una conciencia popular lo suficientemente extendida. El Estatuto de Cataluña puede cambiar el modelo de financiación, puede cambiar el esquema general de gobierno; pero el Estatuto no puede cambiar la realidad, que será la que será independientemente de lo que esté escrito en los textos legales.

 

Ni España, ni Cataluña, son o dejan de ser naciones por mucho que se repita en todas las leyes que se promulguen a partir de ahora. Ni el arrejuntamiento entre personas del mismo sexo es matrimonio, aunque lo repita hasta la saciedad el Código Civil. Ah, y tampoco podemos abolir la Ley de la Gravedad: aunque entre en vigor una ley derogatoria, la Tierra seguirá atrayéndonos, y todos los Partidos de los Rinocerontes no son bastante a evitarlo.

 

En Canadá, el Partido de los Rinocerontes fracasó en las elecciones (al menos hasta cierto punto, porque votantes tenía). En España, en cambio, está en el poder un partido de su misma línea ideológica. Curiosamente, el partido de la oposición, que quiere decidir por referéndum si España es una nación o varias, está aproximándose a pasos agigantados a la misma postura. A lo mejor les da por recuperar la idea de abolir la Ley de la Gravedad. Total, después de lo que llevan hecho, ni siquiera parece lo más ridículo.

 

 

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