jueves, 31 de mayo de 2007

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29 de mayo de 2007. Opinión política. Después de votar. por José Miguel Orts Timoner

 

Estas elecciones últimas han representado  sobre todo una valoración compensada de las razones del corazón y las de la cabeza. Ninguna de las opciones que, al menos en Valencia, se nos ofrecían, se libraba del sambenito de “mal menor” o de la insuficiencia programática, salvando la buena voluntad de candidatos y dirigentes. No nos hemos librado de la inercia del maniqueísmo bipartidista y de la primacía de las afinidades y simpatías ideológicas sobre la evaluación del trabajo realizado y la confianza de los equipos humanos y el discernimiento de los valores defendidos.

 

Los discursos de los políticos que se han beneficiado de las ventajas de la legislación electoral de talante egoístamente conservadora del poder, repetían tópicos de política general que apenas tenían nada que ver con los problemas regionales y locales para los que oficialmente se movilizaba a los votantes. Hemos oído descalificaciones personales y críticas globales, gratas al público mitinero,  pero que no resisten un elemental análisis de contenidos objetivo. En lugar de propuestas sensatas y factibles hemos escuchado un rifirrafe de conceptos que se escapaban del ámbito territorial de las candidaturas.

 

Aún así el índice de participación electoral no deja de ser inferior a otros comicios y la llamada “soberanía nacional” no parece tomarse demasiado en serio su papel, a la vista de la abstención registrada, cuya interpretación nos llevaría a desvaríos anarquizantes.

 

Lo divertido es que una vez escuchado el pronunciamiento de las urnas todos dicen estar contentos con los resultados y hemos oído verdaderas florituras dialécticas para justificar esas alegrías. No añadiremos nosotros más retórica a un juego que, dadas nuestras premisas y circunstancias, nos resulta lejano y ajeno. Felicitaremos a quienes han revalidado su mandato en nuestra región y en otras y les haremos un llamamiento a la generosidad y al servicio de todos

 

Pero dejaremos constancia de nuestra preocupación por la doble faz de los que buscan los votos sin dejar las armas y por los que la consienten y propician desde el poder. Nos entristece comprobar que en algunos rincones de nuestra Patria ha faltado el clima de libertad suficiente y necesario para hacer campaña y votar en conciencia. Y que el ejercicio inorgánico del voto ha puesto en evidencia una vez más las carencias del sistema que está poniendo en peligro la misma pervivencia de España como nación unida.

 

 

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