jueves, 04 de octubre de 2007

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4 de octubre de 2007. Opinión política. Política: la autoridad participada o acaparada. por Rubén de Cardeñosa Serrano

 

Para que exista una comunidad de personas sana es importante ejercer la autoridad bajo el principio de subsidiariedad; de este manera se promoverá la corresponsabilidad.

 

Para el creyente el principio fundamental de acción es la imitación de Dios. Dios es una autoridad tremendamente fuerte, porque tiene un poder infinito. Sin embargo todo el poder de Dios no lo usa para dominar, para aplastar a los hombres, sino que usa todo su poder para vivificarles, para estimular sus vidas y su libertad. Usa ese poder para hacerles crecer. Y una de las formas es haciéndoles participes de sus cualidades, derechos y poderes.

No hay comunidad sana ni un gobierno estable sino tiene un centro claro, fuerte con poder de decisión honesto, y no viciado por la ambición política como el de Rodríguez Zapatero. Pero el sentido del centro que, a veces quiere demostrar, no es para afirmarse a sí mismo como una especie de centro. Toda la fuerza de su “centro izquierda” es para descentralizar, para desunir en provecho propio. El centro tiene que cuidar que todas las partes tengan lo que les corresponde, que todas se desarrollen.

Todo ejercicio de autoridad tanto en el ámbito de lo privado como de lo público, pasa por los mecanismos de participación y de delegación.

 

Al desdichado presidente que nos mal-gobierna no le importa, por otro lado, ni centrar ni descentrar, solo su poder personal y el de los que ambiciosamente le apoyan desde la izquierda más radical, tal como la izquierda unida o los batasunos del puño en alto o los republicanos del catalán de esa coalición que gobierna (es un decir) con el gobierno de  Cataluña.

 

La señal de una buena conducción se encuentra en la capacidad de asociar a muchos en la propia conducción. Para esto la autoridad se debe de preocupar de entregar a cada persona o instancia el papel o porción de autoridad que les corresponda, respetándola en su autonomía y en las funciones que le han sido confiadas.

 

Aquí se aplica el principio de la subsidiariedad: la autoridad mayor no debe hacer lo que puede hacer la autoridad menor y a su vez, debe acudir en su ayuda cuando no esté en condiciones de cumplir la tarea que se le encomendó, pero siempre y cuando, esa “autoridad menor” se sienta solidaria con el resto de los ciudadanos de la nación o “país”, como mejor les gusta llamar a algunos a la nación española.

 

Sólo así se despertará y promoverá una actitud clave en toda comunidad: la corresponsabilidad. La persona esta llamada a participar y si no encuentra los canales para hacerlo, se paraliza y se anula. O bien los intentará abrir por la vía de la violencia. Por el contrario, cuando la autoridad es quien suscita el aporte de todos y cada uno, cuando entrega responsabilidades, entonces la comunidad se vitaliza y la persona se desarrolla.

 

Cuando la autoridad zapateril acapara todas las responsabilidades, está dando muestras de inseguridad y esta causando un grave perjuicio al prescindir de la opinión del partido mayor votado, en las tareas de gobierno,  pues al no reconocer ni promover las distintas capacidades de sus colaboradores y  no les permite desarrollarlas ni crecer como personas, está  haciendo un gran perjuicio a la nación por su postura dictatorial. Por otro lado, quien consulte, quien delegue, quien respete la tarea del otro, estará mostrando su capacidad de mando y por tanto robusteciendo su propia autoridad, e irá contrayendo así una verdadera comunidad de lo contrario la aplastará.

 

¿O es eso lo que astutamente esta buscando? Dios nos libre.

 

 

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