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Celebramos por estas fechas el 300
aniversario de la derrota de Almansa. En
ella, un 25 de abril de 1707, los
partidarios del Archiduque Carlos de Austria
fueron derrotados por las tropas borbónicas
en el transcurso de la guerra de Sucesión.
Esto significó la abolición de nuestros
Fueros mediante la imposición de los
Decretos de Nueva Planta.
En aquella guerra se ventilaban muchos
intereses, tanto internos como
internacionales. A nivel europeo existía,
por parte de las potencias aliadas, el temor
a la hegemonía francesa sobre gran parte del
continente. Cuando ésta estuvo bajo control,
los aliados abandonaron la lucha y dejaron a
su suerte a los austracistas. A nivel
interno era una lucha entre dos concepciones
de España: Una, tradicionalista, apegada a
las tradiciones católicas y forales,
federativa e hispánica que trataba de
defender unas instituciones tradicionales
que eran la mejor garantía del futuro de
España y la otra imitadora de los modelos
procedentes de Francia, “modernizadora”
según los usos galos, es decir, uniformista,
galicanista y absolutista y negadora de la
Tradición de las Españas. |
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Triunfó por las armas ésta última opción y
la consecuencia más inmediata fue la injusta
abolición, “por derecho de conquista”, de
los centenarios y amados fueros, símbolo de
la hispanidad valenciana, de la Tradición y
de una manera de entender las Españas y su
unidad en la variedad. Tal vez de aquel
infausto momento arranquen muchos males que
aún hoy en día venimos padeciendo, porque
“quan el mal ve d´Almansa a tots alcança…”.
Se negó la Tradición y con ello la
autenticidad, la verdad y la esencia de las
cosas y, aún hoy, andamos buscando el rumbo
y la explicación de lo que somos, tratando
de conciliar variedad con unidad.
Extractamos aquí unos párrafos de aquel
decreto firmado en el Buen Retiro el 29 de
junio de 1707, a los dos meses de la derrota
de Almansa, en ellos se ponen claramente de
manifiesto las motivaciones por las que se
mueve Felipe d´Anjou:
“Considerando haber perdido los Reinos de
Aragón y de Valencia, y todos sus
habitadores por el rebelión que cometieron,
[...] y tocándome el dominio absoluto de los
referidos reinos [...], pues a la
circunstancia de ser comprendidos en los
demás que tan legítimamente poseo en esta
Monarquía, se añade ahora la del justo
derecho de la conquista que de ellos han
hecho últimamente mis Armas con el motivo de
su rebelión. [...]
He juzgado conveniente (así por esto como
por mi deseo de reducir todos mis reinos de
España a la uniformidad de unas mismas
leyes, usos, costumbres y Tribunales,
gobernándose igualmente todos por las leyes
de Castilla tan loables y plausibles en todo
el Universo) abolir y derogar enteramente,
como desde luego doy por abolidos y
derogados, todos los referidos fueros,
privilegios, práctica y costumbre hasta aquí
observadas en los referidos reinos de Aragón
y Valencia; siendo mi voluntad, que éstos se
reduzcan a las leyes de Castilla, y al uso,
práctica y forma de gobierno que se tiene y
ha tenido en ella y en sus Tribunales sin
diferencia alguna en nada [...] “
¿Qué representaba esta victoria borbónica? A
grandes rasgos, la introducción de una nueva
organización político-administrativa para
las Españas copiando el modelo francés y la
difusión, con el beneplácito del poder, del
filosofismo anticristiano base del
enciclopedismo y de las ideas liberales.
Con ello se rompía el pacto foral, se
arrancaban los Fueros a la fuerza y se
consideraba el Reino de Valencia como un
país conquistado. Los Fueros eran una
barrera, un freno a todo absolutismo y era
necesario destruirlos para imponer sin
oposición un reino despótico. Así culminaba
el triunfo de la mentalidad borbónica,
absolutista y centralista, siguiendo las
modas europeas de inicios del siglo XVIII.
Por primera vez en casi quinientos años se
manifestaba la decidida opción de aplastar
los Fueros y tratar de hacer desaparecer al
Reino de Valencia. El ejemplo de la
destrucción e incendio de Xátiva es
ilustrativo de la nueva mentalidad borbónica
respecto a nuestro Reino.
El resultado fue, como señalaba D. Francisco
Elías de Tejada, el afrancesamiento de
España bajo pabellón castellano. Castilla,
la primera oprimida por el absolutismo,
aparecerá como la opresora de los demás
reinos hispánicos.
Aún faltarán ciento veintiocho años para que
la Casa de Borbón enlace de nuevo con la
Tradición de las Españas y levante su
bandera, y ciento sesenta y siete para que
otro Borbón devuelva a los valencianos lo
que su antepasado nos quitó injustamente. Es
ahora tiempo de redescubrir nuestras raíces
y, sobre ellas, proyectarnos como pueblo. Ya
se sabe aquello de “qui perd els orígens
per la identitat…”. Y en eso estamos.
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