|
Unas defendían que no lo era, mientras que
otras (las más) opinaban que sí, leyendo una
de las partidarias de su obligatoriedad la
cita del Corán en que se establece tal
mandato. En resumen, no tuvo demasiada
“miga” la verdad, pero sí me llamó
poderosamente la atención las razones o
motivos que cuatro de ellas dieron para
explicar su aceptación de la fe islámica
siendo occidentales, lo que sugirió una
serie de reflexiones.
Otra de las noticias acaecidas esa semana
fue la de las declaraciones del candidato a
las presidenciales en Francia, Nicolás
Sarkozy, tomando partido en el asunto de las
caricaturas de Mahoma, y defendiendo el
supuesto derecho existente en democracia a
insultar la fe y sensibilidad religiosas de
parte de la población. Lo contrario, es
tildado de “censura”.
Por último, es una noticia que nos pilla muy
de lejos, pues sucedió en el Estado de Nueva
Jersey, Estados Unidos, en donde se ha hecho
visionar en una escuela pública a niños de 8
años un video titulado “That´s a family”
(esto es una familia), y con el cual se
pretende inculcar a la infancia la idea de
que una familia bien puede estar formada por
dos padres gays, dos madres lesbianas, con
sus respectivos hijos, y que todo ello es
equiparable al núcleo natural y biológico de
un padre, una madre y los hijos habidos
entre ellos dentro de la unión, compromiso y
estabilidad matrimonial. Todo ello, por
supuesto, sin tener en cuenta la opinión de
los padres y sin notificárselo. Ejemplos de
estos tenemos también en casa, pero por ser
reciente y por querer dotar a mi reflexión
un carácter general de la sociedad
occidental, he elegido este sucedido que, a
diferencia de lo que ocurre aquí, ha tenido
cierta respuesta y oposición en un medio
televisivo de gran difusión como lo es el
canal FoxNews y el programa de Bill O´Reilly
“The O´Reilly Factor”.
Son estos tres botones de muestra de la
decadencia social y moral que estamos
viviendo hoy en día. Ya casi nadie niega que
occidente está en crisis. Las muestras son
numerosas y quedan para otro momento, pero
en fin, la crisis es demostrada por el hecho
de que los valores que fundaron nuestras
sociedades son continuamente atacados, se
reniega de la tradición que nos ha permitido
tener hoy lo que tenemos, perdiendo por
tanto nuestra referencia más elemental para
poder crecer, que son las raíces. Decía el
cantautor valenciano Raimon que “qui perd
els orígens perd identitat” (quien
pierde los orígenes pierde identidad). Él lo
decía en un sentido diametralmente opuesto y
enfrentado ideológicamente al que yo lo
utilizo, pero es una gran verdad. Es más, la
pérdida de la identidad está en el origen de
los grandes problemas a los que hoy nos
enfrentamos. Los europeos reniegan de Dios,
la civilización cristiana y el humanismo
cristiano como fundamento de todo lo que
somos. La ideología de género ataca de raíz
toda cultura y tradición, toda norma moral
que impida que una idea romántica, utópica
(y por tanto irreal), absoluta y suicida de
libertad se vea limitada por norma moral o
natural alguna. Como consecuencia, ciertas
ideologías nos pretenden situar en el punto
cero de la historia: atrás no queda nada que
nos limite, pues el pasado es oscuridad. Si
acaso, lo que hay que hacer con el pasado es
“limpiarlo” (de ahí leyes como la de la
“Memoria histórica” o la relectura
nacionalista de la historia de los Reinos
que formaron España). Lo que vale sólo es el
futuro y por tanto, de aquí en adelante
únicamente cuenta la “libertad” de las
personas y las sociedades para moldear sin
ninguna cortapisa lo que se quiera ser. Así,
todo es elección libre y “progreso”.
Todo esto que ahora se pretende negar ha
formado parte de nuestra civilización
durante siglos y es normal que ante un
ataque tan frontal a los cimientos,
empezando por la familia, la sociedad
tiemble y amenace con su derrumbe. Y lo peor
es que quienes se supone que deben tener más
claridad para aportar las soluciones no lo
hacen, o lo hacen desde un prisma que no es
el adecuado. Por ejemplo, con la cuestión de
las caricaturas de Mahoma, tal y como
recordara el Papa, se enfrentaba la
irracionalidad de las reacciones islámicas
con una objetiva y condenable ofensa a los
sentimientos religiosos. Exactamente, el
Santo Padre veía urgente que “las
religiones y sus símbolos sean respetados y
que sus creyentes no sean objeto de
provocaciones que hieran sus sentimientos
religiosos”. Coincido plenamente con
esta idea, y con aquella que cree que antes
de la democracia y la libertad existen unos
principios, llamémosles “predemocráticos”,
que no están sujetos a la opinión arbitraria
de los hombres y las sociedades, por lo que
esa pretendida “libertad de expresión” que
personalidades como Rajoy en España o
Nicolas Sarkozy en Francia tanto enarbolan,
tiene su propio ámbito, que bajo ningún
pretexto abarca la ofensa a los sentimientos
religiosos católicos ni musulmanes.
Esta pérdida de identidad, como decía,
incapacita especialmente a Occidente a la
hora de afrontar la nueva realidad mundial
en que las sociedades se intercomunican cada
vez más, y como resultado de otros fenómenos
sociales, favorecen las migraciones entre
los países. En España sabemos muy bien de
qué se trata. La inmigración, en especial la
musulmana, crea un problema de gran
envergadura, y no sólo por las muertes en
nuestras costas (para mí, el primero que los
se debe evitar), sino por la incapacidad que
existe en España y en los países de nuestro
entorno para integrar a estas personas, ya
que lo que se encuentran al pisar nuestra
Patria es una sociedad cuya identidad se
diluye progresivamente, lo que, añadiendo
cierta dosis de relativismo cultural,
constituye prácticamente una invitación a
que, manteniendo íntegramente su cultura y
costumbres, no se integren y formen los
temidos guettos. Todo ello, junto al gran
problema actual de la educación (o su
falta), el complejo ante nuestra propia
historia, la necesidad de Dios junto a la
decadencia moral, favorece que unas pocas
chicas, ante la acrítica lectura del Corán y
la fascinación ante unas normas rectas de
moral y comportamiento, acaben seducidas por
el Islam. Ni que decir tiene que ninguna de
ellas tenía conocimientos profundos sobre el
cristianismo, ni por supuesto eran católicas
“practicantes”. ¡Qué diferente habría sido
si el tiempo dedicado a descubrir el Islam
lo hubieran dedicado a leer el Evangelio!.
¡Qué diferente y qué prometedor futuro nos
espera si España, y Occidente en general,
decide aceptar su tradición y construir
sobre ella!.
Jorge Peño Iglesias
La societat,
la seua crisi, y les arrels
El passat dia 8 de febrer, en el programa
“Els matins” de la televisió pública
catalana TV3 es va dedicar un espai a què
set dones, de nacionalitat espanyola,
contaren la seua experiència de conversió a
l'islam. Totes elles anaven cobertes amb el
vel que, segons l'Alcorà, ha de portar tota
dona. La veritat és que l'entrevistadora,
Helena García Melero, no va aconseguir
portar l'entrevista més enllà del vel i les
reaccions de l'entorn davant de la conversió
d'estes persones, sorgint en un moment
concret certa discrepància entre les
entrevistades sobre l'obligatorietat de
cobrir-se el cap. Unes defenien que no ho
era, mentres que altres (les més) opinaven
que sí, llegint una de les partidàries de la
seua obligatorietat la
citació de
l'Alcorà en què s'establix tal mandat. En
resum, no és que tinguera massa “substància”,
la veritat, però sí que em cridà
poderosament l'atenció les raons o motius
que quatre d'elles van donar per a explicar
la seua acceptació de la fe islàmica sent
occidentals, lo que em suggerí una sèrie de
reflexions.
Altra de les notícies amb què ens alçàrem
eixa setmana va ser la de les declaracions
del candidat a les presidencials de França,
Nicolàs Sarkozy,
prenent partit en l'assumpte de les
caricatures de Mahoma, i defenent el suposat
dret existent en democràcia a insultar la fe
i sensibilitat religioses de part de la
població. Lo contrari, és titlat de
“censura”.
Finalment, una notícia que ens agarra molt
de lluny, perquè
succeïx en l'Estat de Nova Jersey, Estats
Units, on s'ha fet visionar en una escola
pública a xiquets de 8 anys un vídeo titulat
“That´s
a family”
(açò és una família), amb el que es pretén
inculcar a la infància la idea que una
família bé pot estar formada per dos pares
gais, dos mares lesbianes, amb els seus
respectius fills, i que tot això és
equiparable al nucli natural i biològic d'un
pare, una mare i els fills haguts entre ells
dins de la unió, compromís i estabilitat
matrimonial. Tot això, per descomptat, sense
tindre en compte l'opinió dels pares i sense
cap notificació. Exemples d'estos tenim
també en casa, però per ser recent i per
voler dotar a la meua reflexió d´un caràcter
general de la societat occidental, he triat
este succeït que, a diferència del que
ocorre ací, ha tingut certa resposta i
oposició en un
mitjà televisiu de gran difusió, com
el canal FoxNews
i el programa de Bill
O´Reilly “The
O´Reilly
Factor”.
Són estos tres botons de mostra de la
decadència social i moral que estem vivint
hui en dia. Ja quasi ningú nega que occident
es troba en crisi. Les mostres són nombroses
i queden per a un altre moment, però en fi,
la crisi es demostra pel fet que els valors
que van fundar les nostres societats són
contínuament atacats, es renega de la
tradició que ens ha permés tindre hui el que
tenim, perdent per tant la nostra referència
més elemental per a poder créixer, que són
les arrels. Deia el cantautor Raimon que “qui
perd els orígens perd identitat”. Ell
ho deia en
un sentit diametralment oposat i enfrontat
ideològicament al què jo
ho utilitze,
però és una gran veritat. És més, la pèrdua
de la identitat està en l'origen dels grans
problemes a què hui ens
enfrontem.
Els europeus reneguen de Déu, la
civilització cristiana i l'humanisme cristià
com a fonament de tot lo que som. La
ideologia de gènere ataca d'arrel tota
cultura i tradició, tota norma moral que
impedisca que una idea romàntica, utòpica (i
per tant irreal), absoluta i suïcida de
llibertat es veja limitada per norma moral o
natural alguna. Com a conseqüència, certes
ideologies ens pretenen situar en el punt
zero de la història: arrere no queda
res que ens
limite, perquè
el passat és foscor. Si de cas,
el que cal
fer amb el passat és “netejar-lo”
(d'ahí lleis com la de la “Memòria històrica”
o la relectura nacionalista de la història
dels Regnes que formàrem Espanya). Lo que
val només és el futur i per tant, d'ací en
avant únicament
compta la “llibertat” de les persones
i les societats per a modelar sense cap
condició el que es vullga ser. Així, tot és
elecció lliure i “progrés”.
Tot açò que ara es pretén negar ha format
part de la nostra civilització durant segles
i és normal que davant d'un atac tan frontal
als fonaments, començant per la família, la
societat tremole i amenace amb el seu
afonament. I lo pitjor és que els que se
suposa que han de tindre més claredat per a
aportar les solucions no ho fan, o
ho fan des
d'un prisma que no és l'adequat. Per exemple,
amb la qüestió de les caricatures de Mahoma,
tal com recordara el Papa, s'enfrontava la
irracionalitat de les reaccions islàmiques
amb una objectiva i condemnable ofensa als
sentiments religiosos. Exactament, el Sant
Pare veia urgent que “les religions i els
seus símbols siguen respectats i que els
seus creients no siguen objecte de
provocacions que ferisquen els seus
sentiments religiosos”. Coincidisc
plenament amb esta idea, i amb aquella que
creu que abans de la democràcia i la
llibertat hi ha uns principis,
diguem-los
“predemocràtics”, que no estan sotmesos a
l'opinió arbitrària dels hòmens i les
societats, per lo
que eixa pretesa “llibertat
d'expressió” que personalitats com Rajoy a
Espanya o Nicolas
Sarkozy a França tant enarboren, té
el seu propi àmbit, que
baix de cap
pretext comprén l'ofensa als sentiments
religiosos catòlics ni musulmans.
Esta pèrdua d'identitat, com deia,
incapacita especialment a Occident a l'hora
d'afrontar la nova realitat mundial en què
les societats s'intercomuniquen cada vegada
més, i com resultat d'altres fenòmens
socials, afavorixen les migracions entre els
països. A Espanya sabem molt bé de què es
tracta. La immigració, en especial la
musulmana, crea
un problema de gran envergadura, i no sols
per les morts en les nostres costes (per a
mi, el primer que s'ha d'evitar), sinó per
la incapacitat que existix a Espanya i en
els països del nostre entorn per a integrar
estes persones, ja que el que es troben al
xafar la nostra Pàtria és una societat la
identitat de la qual es diluïx
progressivament, lo que, si afegim certa
dosi de relativisme cultural, constituïx
pràcticament una invitació a què, mantenint
íntegrament la seua cultura i costums, no
s'integren i formen els temuts
guettos.
Tot això, junt amb el gran problema actual
de l'educació (o la seua falta), el complex
davant de la nostra pròpia història, la
necessitat de Déu junt amb la decadència
moral, afavorix que unes poques xiques,
davant de la lectura acrítica de l'Alcorà i
la fascinació davant d'unes normes rectes de
moral i comportament, acaben seduïdes per
l'islam. No cal ni dir-ho que cap d'elles
tenia coneixements profunds sobre el
cristianisme, ni per descomptat eren
catòliques “practicants”. Què diferent
hauria sigut si el temps dedicat a descobrir
l'islam ho
hagueren dedicat a llegir l'Evangeli!.
Què diferent i què prometedor futur ens
espera si Espanya, i Occident en general,
decidix acceptar la seua tradició i
construir sobre ella!.
Jorge Peño
Iglesias |