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Así, el 25 de febrero
del 2008 tenía lugar el tan ansiado debate
en el que el "talante" y el "talento" se
enfrentaban cuerpo a cuerpo, cuyo
objetivo fundamental era alzarse como
vencedor del combate. De este modo, el
presidente del Gobierno, comúnmente llamado
Zp y el dirigente del Partido Popular,
Mariano Rajoy se disputaban cara a cara una
victoria anticipada.
Pero para proclamar
vencedor a uno de los dos contrincantes, es
necesario observar con minucioso
detenimiento los movimientos de ambos
rivales, ya que como en toda contienda se
hicieron valer de estrategias, tácticas y
técnicas ensayadas que dotaron al debate
de la tan codiciada y esperada tensión
solicitada por la sociedad española.
Como pudimos comprobar,
los contendientes se sirvieron de
habilidades de muy distinta naturaleza. Por
un lado, se encontraba Rajoy, correcto y
disciplinado, su moderación
y cordura delatan su ineludible e inherente
condición de opositor, ya que preparó su
perorata como si de la oposición a
registrador, a la que un día se enfrentó, se
tratara. Es un perfecto orador, ya que salta
a la vista su dominio de la retórica, no
obstante, no es oro todo lo que reluce, ya
que Rajoy no cuenta con grandes dosis de
frescura y naturalidad tan imprescindibles
hoy en día para el candidato político. Sin
duda, es innegable que el Dirigente del PP
acudió a la cita bien documentado e
informado, sirviéndote de gráficos y cifras
contundentes, y que fruto de la confianza en
él depositada ofreció ocurrentes locuciones
como" y el socialismo era marxista hace
treinta años" ante los insistentes
y continuos "regresos al pasado" del señor
Zp. Finalmente, pudimos acontecer como a
medida que pasaba el riguroso y pactado
tiempo en el debate, Rajoy iba cobrando
vida, se iba creciendo frente a su rival,
hasta el punto de acometer contra el
candidato socialista llamándole mentiroso
sin que éste tuviera posibilidad alguna
de rebatir tan categórica afirmación.
Por otro lado, a la
izquierda del ring se encontraba el actual
Presidente del Gobierno, quien demostró
tener confianza en sus palabras a pesar del
poco contenido que se podía esgrimir de
ellas. El candidato socialista explotó al
máximo su naturalidad ante los medios, ya
que la innata frescura y soltura inherente a
su persona y su perfecto dominio de la
demagogia equilibran su balanza si la
contrarrestamos con sus discursos carentes
de contenido y sustancia. Zp se mostró
seguro de si mismo, apoyando su
argumentación en una crítica continua del ya
pasado gobierno de Aznar, eludiendo cuestiones
como el de la inmigración, y retomando para
su conferencia temas a los que ya
recurrió hace cuatro años y que formaban
parte de su campaña, los cuales se
hacían reticentes y anticuados. En mi
opinión, su seguridad y templanza fue en
detrimento a medida que su contrincante,
correlativamente, sumaba puntos haciendo
referencia al polémico "diálogo" con la
banda terrorista ETA, y comentaba el entorno
de colegas separatistas del que se había
rodeado el presidente, cuyo resultado no ha
hecho más que conducir a la nación española
a una indiscutible fragmentación. Tampoco
podemos dejarnos el tintero el sorprendente
comentario positivo de Zp sobre el
presidente norteamericano Bush, lo que dio
lugar, como es normal, al asombro del
dirigente Popular, ya que no es necesario
que recordemos el tantísimo odio que el
PSOE le profesaba hace cuatro años formando
parte de su estratagema partidista.
En conclusión,
tendremos que esperar al próximo lunes para
presenciar el decisivo duelo de titanes,
donde quizás Rajoy continúe con su acechante
reyerta de preguntas directas, y Zp prosiga
con sus insulsos pregones carentes de
información, aunque defendidos con mucha
"convicción y pluralidad".
Señores y señoras, al
fin y al cabo el show político no ha hecho
más que comenzar, pues lo de ayer tan solo
fue el punto de partida de lo que será toda
una batalla campal digna de ser conmemorada
y recompensada con el mejor de los premios:
nuestro humilde pero tan cotizado voto. |