viernes, 26 de enero de 2007

Dios.Patria.Fueros.Rey Legítimo 

 

 Índice

 

 Círculos carlistas

 C. C Aparisi y Guijarro

 C. C. C. San Miguel

 C. C. La Lealtad

 

 Secretaría de prensa

 Comunicados

 Noticias

 Notas de prensa

 Especiales

 

 Opinión

 Política

 Bióetica y moral

 El rincón de Federico

 

 El carlismo

 Artículos de historia

 Pensamiento   tradicionalista

 Documentos históricos del carlismo

 Monografías

 Biografías

 Archivo histórico carlista

 

 Jóvens carlistes

 

 Crítica literaria

 

 Extras

 Himnos y canciones

 El carlismo en tu PC

 

 Prensa carlista

 Boletín Reino de Valencia

 Ahora Información

 

 Enlaces

 Comunión Tradicionalista Carlista

 Cruz de Borgoña

 

 Bazar carlista

 

 

 

 

 

 

Juan Vázquez de Mella

Cangas de Onís (Asturias), 8 de Junio de 1861- Madrid, 28 de febrero de 1928

Fundamento de la representación colectiva. 5 de junio de 1921. Conferencia en el teatro Goya de Barcelona

La representación no debe ser un derecho atomizado, individual; porque el individuo es absolutamente irrepresentable. Su constitución psicológica y peculiar no la puede representar nadie; la representa él sólo. Lo que es representable es el grupo, la clase; y así se dará una representación social, según la cual se es mandatario de una fuerza social, una especie de gestor de negocios ajenos y que tienen el derecho de representarlos por la imposibilidad material de que se representen a sí mismos; pero no será el ejercicio de una soberanía que los que la poseen no pueden nunca ejercer.

 

Entonces, siendo la representación social, y no individual, el mandato imperativo ligará a los representantes con los representados. Entonces las Cortes, no serán soberanas en el sentido de que representen una parte o fragmento de la soberanía política, pues serán la expresión de la soberanía social, que la limitará, que la ayudará y auxiliará, y que la contendrá en sus desbordamientos; pero no será un fragmento de ella.

 

Así surgirán dos regímenes distintos, y ya no se planteará el problema de los partidos y de los fragmentos de partido, pues los substituirán aquéllos que yo he llamado alguna vez partidos circunstanciales. Si hay la representación de las clases sociales en los Parlamentos, que son los permanentes, habrá a su lado, según los intereses momentáneos, partidos, que pueden no ser dos, sino varios, hasta una docena; y puede haber una cuestión, por ejemplo, la internacional, en que varios elementos estén conformes, aunque esos mismos elementos no lo estén en cuestiones de enseñanza y hacienda.

 

Y así sucederá que, si los que representan estas tendencias suben al Poder y logran allí realizar su propósito y están coronados por el éxito, el otro partido no tendrá razón de ser, se deshará, dejará de existir; y, en cambio, si viene el fracaso, el otro podrá substituirlo. Pero queda algo subsistente, permanente, que son las clases, que no estarán postergadas y suprimidas por los partidos mudables. Porque ahora, observadlo bien: si os fijáis en el conjunto de ese Parlamento Español y lo comparáis con el Parlamento francés o el italiano, veréis como, evidentemente, hay una composición distinta de partidos y grupos, muy diferentes en extensión; pero, como la cantidad no muda la especie, en cuanto a la cualidad persisten y están representados en ellos las mismas aspiraciones y los mismos principios políticos. Ahora bien: si fueran las clases de lo que se tratara, la cosa variaría mucho; las diferencias serían grandes, porque las clases varían, no sólo de país a país, sino también de región a región y de localidad a localidad; y así, entre un Parlamento español, representando todas las clases españolas, y unas Cortes regionales, como las Cortes de Cataluña, representando todas las clases de Cataluña, existirían diferencias substanciales.

 

Y ved ahora si, con mucha más razón, no serían mayores las diferencias si se comparan en el conjunto, con las de otros países, cuando se compara la representación social y no la representación oligárquica de partido.

 

Por todo eso, la masa nacional no puede conocer todos los grandes problemas que hoy se plantean en los Parlamentos, lo mismo sociales que políticos y económicos, porque no está capacitada para conocerlos; y no pudiendo conocerlos, no puede manifestar su voluntad acerca de ellos, ya que primero es conocer las cosas y después viene el quererlas, si es que son dignas y merecedoras de que se las quiera, pues el pensamiento precede a la volición.

 

 

 

Esta página está editada por la Comunión Tradicionalista Carlista del Reino de Valencia. Las opiniones vertidas son responsabilidad de sus autores salvo aquellas sin firma, de las cuales se responsabiliza el editor de la página. Se permite la reproducción de los textos e imágenes, siempre que se utilicen de buena fe y se cite autor, si lo hubiere, y procedencia