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BOLETÍN REINO DE VALENCIA. número 36. Noviembre-diciembre de 2004

- La enseñanza de la religión. por Luís Pérez Domingo

- Textos con historia: "La escuela laica". Publicado en el "Catecismo tradicionalista", 1934.

- Una carta para pensar

- La CTC ante los matrimonios homosexuales

- Visita de don Domingo Fal Conde a Castellón

- Nota de prensa de la Junta carlista de Castellón

- Carlos I de Austria: ejemplo de virtudes y vida de fe en medio de los fracasos humanos

 

LA ENSEÑANZA DE LA RELIGIÓN

 

El Gobierno que nos regalaron los terroristas con el 11-M llegó anunciando a bombo y platillo un nuevo talante y ofreciendo dialogar con todo el mundo, en cumplimiento de una promesa previa de incorporar «a los grupos ciudadanos al proceso de toma de decisiones», siendo «receptivo a sus demandas». Antes de un suspiro, el ejecutivo mostró su verdadero rostro, acumulando de-cisiones de singular relieve, sin que mediase diálogo alguno, demostrando una vez más la irrefrenable tendencia a la dictadura que caracteriza a las izquierdas. Del nuevo talante sólo queda la sonrisa presidencial, máscara que esconde, como estamos viendo, las más deletéreas intenciones.

 

Se ha cumplido lo que advirtiera el mequetrefe, provocador y cínico Maragall, aunque no por cierto en los términos que predijo. Porque conviene recordar que en periodo preelectoral sentenció que si no se producía un cambio de Gobierno «volvemos atrás, volvemos al 36, volvemos a principios del siglo XX». Hacía ahí, en efecto, parece el PSOE empeñado en hacernos retroceder, con una política revanchista, cainita, enrabietada y contumaz, reabriendo viejas heridas, recuperan-do su discurso antirreligioso y sembrando la discordia y la división donde penosamente se había lo-grado un estimable sosiego.

 

Atrás han quedado las expectativas zapateriles que aseguraban que «cristianos y socia-listas podemos hacer muchas cosas juntos» (¿qué cosas?) y que «si fuera incompatible el apoyo al socialismo y la condición de católico en España, tendrían que cerrar las iglesias o tendrían que cerrar el Partido Socialista», porque «es preciso tomar la religión como un asunto público... [y] han de apoyarse aquellas formas religiosas que contribuyan a un desarrollo de la ciudadanía y a una sociedad justa.» Claro que el señor Zapatero, entonces en la oposición, vivía la fase del disimulo, atento a pescar votos en todos los caladeros ideológicos. Con el poder en la mano ya no importa seguir sonriendo mientras lanza su feroz ofensiva contra la religión católica. Mentir es rentable y en esta disciplina ha tenido consumados maestros.

 

De lo que ahora se trata es de «recuperar un proceso de laicidad, de forma subliminal, poco a poco, en diversos ámbitos», con la elaboración de «leyes modernas y laicas frente a tantas actitudes carcas». Torpedear la enseñanza de la religión forma parte destacada del plan diseñado para hundir a la sociedad en un laicismo activo, que va mucho más allá de la neutralidad confesional acogida en la Constitución. Este ataque a la línea de flotación de la Iglesia, injustificado y gratuito, revela el enquistamiento de la aversión antirreligiosa del socialismo (¿«principios del siglo XX», señor Maragall?), confunde conscientemente los términos de la cuestión, desprecia lo que establece la propia Constitución (artº 27.3, por ejemplo) y los acuerdos con la Santa Sede que especifican que la enseñanza de la religión se impartirá «en condiciones equiparables a las demás disciplinas fundamentales».

 

Por supuesto que a nadie se le puede obligar —y a nadie se obliga— a estudiar religión. Pero a nadie se le debe privar de su derecho a hacerlo y recibir la recompensa académica que merezca su dedicación. Que la prepotencia gubernamental orille tan sencilla ecuación, desvela el auténtico talante y los verdaderos objetivos del presidente del Gobierno y su partido. Si la discriminación es siempre injusta, en este caso es, además, positivamente perversa. La devaluación de una asignatura como la  religión, prendida en el plan de estudios como simple apéndice ornamental, la condena al ridículo, convirtiendo en inútiles los esfuerzos que se le prestan, y suponen una grave ofensa, un desprecio insoportable para profesores y alumnos, sentenciados a perder su tiempo sin contrapartida.

 

Lo más importante —con serlo mucho— no es el número de familias españolas que eligen la enseñanza religiosa para sus hijos. Lo sustantivo es el principio. El derecho tendría el mismo vigor si lo ejerciera una minoría, lo que bien sabemos no es el caso. En definitiva, la religión puede ser asignatura opcional para los estudiantes, pero nunca para el Gobierno. Para éste, al margen sus persistentes fobias, es —debería ser— siempre obligatoria, bastando que las familias la solicitaran para sus hijos.

 

Nuestro Arzobispo acaba de alertarnos sobre las intenciones del Gobierno, al que acusa de querer «expulsar la religión de la esfera social y luego, en una segunda fase, eliminarla en el hombre, para que los principios religiosos acaben desapareciendo de la conciencia humana». Una irresponsable actitud de incalculables consecuencias. Reabrir a estas alturas semejante confrontación parece querer empujarnos a un terreno que no deseamos volver a pisar. Tal vez los socialistas, sí. Pero deberían pensarlo, al menos dos veces, antes de proseguir por ese camino.

 

No ya como católicos —que también— sino como ciudadanos que cumplen sus deberes, pagan sus impuestos y se someten a las leyes —aunque algunas no nos gusten—, exigimos al Gobierno que gobierne para todos, sea receptivo a las demandas ciudadanas y no se empeñe en dirigir y manipular nuestras vidas. No lo pedimos. Lo exigimos, porque es nuestro derecho.

 

Luís Pérez Domingo

 

 

Textos con historia: “LA ESCUELA LAICA”. PUBLICADO EN EL “CATECISMO TRADICIONALISTA”, 1934

 

Todos los pueblos y en todas las edades han juzgado temeraria la empresa que se pretende llevar a cabo en nuestros días: implantar en la sociedad la indiferencia religiosa; o lo que es lo mismo, prescindir de la educación moral.

 

Oigamos cómo hablaban los antiguos: “La ignorancia del verdadero Dios – decía Platón – es para un Estado la peor de las calamidades.” Y Aristóteles: “Es más difícil crear una sociedad sin creencias que edificar una ciudad en el aire.” Y Cicerón, Séneca, Quintiliano y otros muchos, se expresaban en idéntico sentido. ¡Y los que así hablaban eran paganos!.

 

Consúltese asimismo los filósofos modernos: Voltaire escribe: “Un pueblo ateo sería una horda de bandidos.” Jouffroy afirma: “Solo las naciones religiosas pueden proporcionar la educación moral”. Cousin declara: “La instrucción popular debe ser religiosas, es decir, cristiana.” Guizot dice: “La instrucción primaria, para ser útil, debe ser profundamente religiosa”. Víctor Hugo ha escrito: “Cuando Francia sepa leer, no dejéis sin dirección esa inteligencia que habréis desarrollado; es preferible la ignorancia a la mala ciencia.” Y añade: “Sembrad las aldeas de Evangelios”. Rousseau, a quien un amigo suyo, presentándole a su hijo, le dijo: “He aquí un padre que ha educado a su hijo según los principios del “Emilio”, respondió: “Tanto peor para vuestro hijo y para vos, porque sin Dios no puede haber verdadera providad.”

 

Estos textos, que recojo de sus propios autores, nos demuestran, pues, de un modo indubitable, que la instrucción sin la educación, puede ser un peligro para la misma sociedad; y que sin educación, sin base religiosa, no puede ser efectiva y de óptimos resultados.

 

Estas consideraciones nos llevan como de la mano a la negación de una tesis que algunos sostienen; y es que la mayoría de criminales son criminales “natos”; es decir, involuntarios, irresponsables, inconscientes.

 

Pocos son ya los que admiten la existencia de esos criminales “natos”; pues a lo sumo hay inclinaciones debidas ya ala herencia, ya al ambiente. Todo hombre es libre, y, por lo mismo, responsable; y, de ser exactas estas afirmaciones, sería forzoso en buena lógica, negar la responsabilidad humana. Se desprende de aquí que los delincuentes lo son por su culpa o por culpa ajena. No son los lóbulos cerebrales los que le llevan al presidio, sino el abandono en que se les deja. ¿Qué se contestaría a esta pregunta: ¿se puede encorvar una rama de encina y formar con ella un círculo regular, un arco? No; y se contestaría SÍ, cuando se procediera poco a poco a inclinar una rama joven hacia la formación del arco que quisiera conseguirse con el tiempo.

 

Pues la educación significa esto. Significa una labor constante y enorme, un trabajo incesante, para inclinar el alma y la voluntad hacia el bien. La educación, como todas las obras humanas – podemos decirlo con Ozanam -, “vale lo que cuesta”, frase exacta y de un valor profundo.

 

Una de las más funestas obras de la República que padecemos, no hay duda, es el laicismo en las escuelas primarias, cuyos resultados empiezan ya a tocarse de un modo bien lamentable.

 

 

UNA CARTA PARA PENSAR

En 1919 el diario socialista de París «L’Humanité» publicó una carta dirigida por un padre socialista a su hijo. Trataba de la enseñanza de la religión, y fue escrita con tan buen sentido y con tanta honradez, que la creemos digna de que sea conocida en tiempos tan confusos como los actuales.

El padre socialista era Jean Jaurés. Desde 1889 hasta 1914 es diputado del Partido Obrero Francés. En 1904 funda el periódico L’Humanité. En 1905 consigue unir bajo su liderazgo a los socialistas franceses, formando la Sección Francesa de la Internacional Obrera. Fue precisamente el diario socialista L’Humanité el que publicó esta carta dirigida a su hijo en fecha que no nos consta. Muere asesinado en 1914.

 

La carta fue citada por el canónigo y diputado por la “Coalición de Estella”  (coalición del PNV y carlistas  vasco-navarros) D. Antonio Pildain (luego Obispo de Canarias) en las Cortes de la Segunda República durante un debate con D. Álvaro de Albornoz y Liminiana – ministro de Justicia, miembro destacado de la Logia masónica Dantón y del Partido Radical Socialista, bajo cuyo mandato se aprobaron las leyes laicas de la República (disolución de la Compañía de Jesús, divorcio, supresión del presupuesto de Culto y Clero, reglamentación de las Ordenes Religiosas, etc.). -, y figura en el Diario de Sesiones de las Cortes Españolas del 1 de marzo de 1933. Naturalmente se trataba de debatir una de las leyes laicistas que el gobierno trataba de introducir.

Quizás nos ayude a forjar nuestro criterio en los debates del momento presente.
 

Dice así:

«Querido hijo, me pides un justificativo que te exima de cursar la religión, un poco por tener la gloria de proceder de distinta manera que la mayor parte de los condiscípulos, y temo que también un poco para parecer digno hijo de un hombre que no tiene convicciones religiosas. Este justificativo, querido hijo, no te lo envío ni te lo enviaré jamás.

No es porque desee que seas clerical, a pesar de que no hay en esto ningún peligro, ni lo hay tampoco en que profeses las creencias que te expondrá el profesor. Cuándo tengas la edad suficiente para juzgar, serás completamente libre; pero, tengo empeño decidido en que tu instrucción y tu educación sean completas, y no lo serían sin un estudio serio de la religión.

Te parecerá extraño este lenguaje después de haber oído tan bellas declaraciones sobre esta cuestión; son, hijo mío, declaraciones buenas para arrastrar a algunos, pero que están en pugna con el más elemental buen sentido. ¿Cómo sería completa tu instrucción sin un conocimiento suficiente de las cuestiones religiosas sobre las cuales todo el mundo discute? ¿Quisieras tú, por ignorancia voluntaria, no poder decir una palabra sobre estos asuntos sin exponerte a soltar un disparate?.

Dejemos a un lado la política y las discusiones, y veamos lo que se refiere a los conocimientos indispensables que debe tener un hombre de cierta posición. Estudias mitología para comprender la historia y la civilización de los griegos y de los romanos, y ¿qué comprenderías de la historia de Europa y del mundo entero después de Jesucristo, sin conocer la religión, que cambió la faz del mundo y produjo una nueva civilización?.

En el arte, ¿qué serán para ti las obras maestras de la Edad Media y de los tiempos modernos, si no conoces el motivo que las ha inspirado y las ideas religiosas que ellas contienen?. En las letras, ¿puedes dejar de conocer no sólo a Bossuet, Fenelón, Lacordaire, De Maistre, Veuillot y tantos otros que se ocuparon exclusivamente en cuestiones religiosas, sino también a Corneille, Racine, Hugo, en una palabra a todos estos grandes maestros que debieron al cristianismo sus más bellas inspiraciones?.

Si se trata de derecho, de filosofía o de moral, ¿puedes ignorar la expresión más clara del Derecho Natural, la filosofía más extendida, la moral más sabia y más universal?—éste es el pensamiento de Juan Jacobo Rousseau.—

Hasta en las ciencias naturales y matemáticas encontrarás la religión: Pascal y Newton eran cristianos fervientes; Ampère era piadoso; Pasteur probaba la existencia de Dios y decía haber recobrado por la ciencia la fe de un bretón; Flammarion se entrega a fantasías teológicas. ¿Querrás tú condenarte a saltar páginas en todas tus lecturas y en todos tus estudios?

Hay que confesarlo: la religión está íntimamente unida a todas las manifestaciones de la inteligencia humana; es la base de la civilización, y es ponerse fuera del mundo intelectual y condenarse a una manifiesta inferioridad el no querer conocer una ciencia que han estudiado y que poseen en nuestros días tantas inteligencias preclaras.

Ya que hablo de educación: para ser un joven bien educado, es preciso conocer y practicar las leyes de la Iglesia. Sólo te diré lo siguiente: nada hay que reprochar a los que las practican fielmente, y con mucha frecuencia hay que llorar por los que no las toman en cuenta. No fijándome sino en la cortesía, en el simple «savoir vivre», hay que convenir en la necesidad de conocer las convicciones y los sentimientos de las personas religiosas. Si no estamos obligados a imitarlas, debemos, por lo menos, comprenderlas, para poder guardarles el respeto, las consideraciones y la tolerancia que les son debidas. Nadie será jamás delicado, fino, ni siquiera presentable sin nociones religiosas.

Querido hijo: convéncete de lo que te digo: muchos tienen interés en que los demás desconozcan la religión, pero todo el mundo desea conocerla. En cuanto a la libertad de conciencia y otras cosas análogas, eso es vana palabrería que rechazan de consuno los hechos y el sentido común. Muchos anti-católicos conocen por lo menos medianamente la religión; otros han recibido educación religiosa; su conducta prueba que han conservado toda su libertad.

Además, no es preciso ser un genio para comprender que sólo son verdaderamente libres de no ser cristianos los que tienen facultad para serlo, pues, en caso contrario, la ignorancia les obliga a la irreligión. La cosa es muy clara: la libertad, exige la facultad de poder obrar en sentido contrario.

Te sorprenderá esta carta, pero precisa, hijo mío, que un padre diga siempre la verdad a su hijo. Ningún compromiso podría excusarme de esa obligación”.

 

 

 

LA CTC ANTE LOS MATRIMONIOS HOMOSEXUALES

El gobierno ha anunciado la modificación de la ley de matrimonio. Sustituyendo el término “hombre y mujer” por el de “los cónyuges” formaliza la aceptación legal del matrimonio entre invertidos. El matrimonio no es un derecho, sino una institución de más de 5000 años. En todas las culturas y todos los tiempos (incluido el nuestro) es la unión de un hombre y una mujer para engendrar y educar a los hijos, asegurando la perpetuación de la especie y convirtiéndose en el fundamento de la familia, piedra angular de la sociedad. Cristo elevó el matrimonio a la categoría de institución divina, como el más perfecto proyecto de vida en común de hombre y mujer.


Como organización política católica la Comunión Tradicionalista Carlista se apoya en la Sagrada Escritura y en el Magisterio de la Iglesia para afirmar que el matrimonio es una unión indivisible, perpetua y exclusiva de hombre y mujer, de la cual quedan excluidos los homosexuales.
La Comunión Tradicionalista Carlista denuncia el ataque y la desvirtuación de este gobierno laicista a la familia que supone la equiparación del matrimonio con las estériles uniones contra natura y manifiesta su frontal oposición a una medida que trata de convertir en normal lo que por naturaleza es anormal. Asimismo realiza un llamamiento a todos los católicos para que expresen su rechazo a la misma de forma pública.

CTC-Reino de Valencia

 

 

VISITA DE D. DOMINGO FAL CONDE A CASTELLÓN

 

El pasado día 3 de noviembre el Consejero Nacional de la CTC Domingo Fal-Conde, visitó la ciudad de Castellón de la Plana donde se reunió con la Junta Provincial de la CTC, militantes carlistas de la provincia y otras personas vinculadas a diferentes entidades sociales católicas.

Durante el encuentro se comentó la actual situación que vive España con la puesta en marcha de diferentes medidas y políticas laicistas y cómo esto puede servir de impulso para despertar la conciencia y el compromiso político de muchos católicos españoles. También se trataron temas organizativos y diferentes propuestas de actividades.

Asimismo mantuvo una entrevista con periodistas de diferentes periódicos provinciales. En la edición del día 5 de noviembre “Heraldo de Castellón” y “Levante De Castellón” se hacían eco de este encuentro. También  Televisión de Castellón realizó una entrevista a Domingo Fal-Conde, José Miguel Orts y José Monzonís.

Todo un éxito de difusión que esperamos pueda servir para dar a conocer la alternativa carlista a las comarcas de Castellón.

 

CTC-Castelló

 

 

NOTA DE PRENSA DE LA JUNTA CARLISTA DE CASTELLÓN

 

La Comunión Tradicionalista Carlista (CTC) está desarrollando una campaña en la que denuncia la agresividad de los poderes públicos contra la fe cristiana y contra las instituciones inspiradas en ella.

 

Todas estas actuaciones laicistas promovidas desde el Gobierno están animando a un número creciente de personas a buscar los cauces apropiados para la acción cívica y política en defensa de las instituciones sociales, de los principios elementales para la convivencia y de los valores cristianos.

 

En diferentes comparecencias públicas de representantes nacionales y regionales ante los medios de comunicación de Castellón se ha dejado constancia de que Comunión Tradicionalista Carlista (CTC) aspira a permanecer fiel a los principios cívico-religiosos emanados de la Doctrina Social de la Iglesia: apostando por la defensa de la vida en todas sus etapas – desde la concepción a su extinción -,   por la familia fundada en un amor estable y fecundo entre un hombre y una mujer, -,  por el derecho de los padres a que sus hijos puedan recibir una educación integral, por una sociedad viva y activa donde cada uno sea valorado por lo que es y no por lo que tiene,  por una economía de rostro humano que ponga por encima de todo la libertad y la dignidad de la persona, por un nuevo modelo de participación política y social que sea alternativa a la actual partitocracia. Es decir, más familia y menos individuos; más representación social verdadera y menos partidos; más Sociedad y menos Estado y una cultura de vida y esperanza frente a la cultura de muerte que padecemos.

 

Por todo ello, el carlismo en el siglo XXI quiere ser un cauce de participación de los católicos en política, construyendo una España que sea fiel a sus raíces cristianas, trabajando por construir día a día una nueva sociedad basada en firmes fundamentos y siendo coherentes con la fe y con la tradición histórica de Las Españas y del Carlismo.

 

 

CARLOS I DE AUSTRIA: EJEMPLO DE VIRTUDES Y VIDA DE FE EN MEDIO DE LOS FRACASOS HUMANOS

 

 

El Papa Juan Pablo II beatificó el domingo 3 de octubre al emperador Carlos I de Austria y Carlos IV Hungría (1887-1922), así como al sacerdote y monje trapense francés Joseph-Marie Cassant (1878-1903), la mística alemana Anna Katharina Emmerick (1774-1824), la religiosa italiana misionera en Argentina María Ludovica de Angelis (1880-1962) y el también sacerdote francés Pedro Vigne (1670-1740). Cuatro de estos cinco cristianos elevados a los altares tienen en común que vivieron los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX, un momento delicado, con guerras, persecuciones y grandes cambios, dentro de la historia reciente de Europa. Pero por encima de los otros tres, la prensa y el mundo católico se han fijado especialmente, estos días, en el testimonio del último monarca del último gran imperio europeo, un hombre que vivió en su vida importantes decepciones, lo cual muestra, a su vez, que el camino de la santidad no es más fácil cuando una persona tiene poder y privilegios materiales. “Fue un amigo de la paz”, recordó el pontífice refiriéndose a la lucha de Carlos I por detener la Primera Guerra Mundial a partir de 1916.

 

“¡Que siempre sea un modelo para todos nosotros, en particular para quienes hoy tienen una responsabilidad política en Europa!”. Con estas palabras, el Santo Padre destacó la misión de Carlos I como cristiano y hombre de Estado. “Su primera necesidad era seguir la llamada de los cristianos a la santidad en su conducta política. Por eso consideraba importante la idea del amor social y buscaba en todo la voluntad de Dios”, añadió. Al concluir la Misa que enmarcó la beatificación, Juan Pablo II saludó particularmente al hijo del nuevo beato, el archiduque Otto de Habsburgo, que estuvo presente junto con su numerosa familia.

 

Los obispos austriacos destacan que la beatificación de Carlos I no responde a un deseo político, sino que demuestra que “un cristiano sin éxito tiene las mismas posibilidades de alcanzar la santidad que otro que triunfe en la vida”. El emperador llegó al trono en 1969 cuando tenía 29 años, después de que el archiduque Franz-Ferdinand muriese en 1914 como consecuencia de un atentado y de otra muerte: la de su tío-abuelo Francisco José. Los inútiles intentos de alcanzar la paz entre las potencias enfrentadas, la hostilidad de sus aliados prusianos, la abdicación y los posteriores intentos de recuperar su condición de emperador, el destierro a Madeira (Portugal) y la muerte por una pulmonía en el clima húmedo de esta isla de las Azores fueron los principales fracasos humanos de Carlos I, que vivió el exilio, además, sin ninguna fortuna.

 

La fiesta del nuevo beato ha quedado fijada en el 21 de octubre, aniversario de su boda, en 1911, con la princesa Zita de Borbón-Parma (hermana de nuestro rey D. Javier), madre de sus 8 hijos. En este punto, el Papa también subrayó el ejemplo de Carlos de Austria como padre de familia a pesar de las tremendas exigencias de su cargo.

 

 

 

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