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BOLETÍN
REINO DE VALENCIA. número 43. Enero-febrero de
2006 |
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Partidos y representación (1). por Luis Pérez
Domingo
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Comunicado de la CTC ante la manifestación del 25 de
febrero
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Una aproximación al estatuto catalán. por Javier
Barraycoa
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Matices de la reforma estatutaria. por Hilario Salom
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"Checas de Valencia", nuevo libro sobre la represión
republicana en el Reino de Valencia
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Hipocresía de ZP y felicitación a la ONCE
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2006. Año Cabrera.
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No a la ley de técnicas de reproducción humana
asistida. Comunicado de la Junta regional del Reino
de Valencia
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PARTIDOS Y REPRESENTACIÓN (1)
La
desaparición del sistema foral cercenó de raíz su
permanente y obligado proceso de actualización,
truncando de manera definitiva la trayectoria que,
siguiendo su curso natural, hubiera debido
desembocar en la articulación de la representación
plena de la sociedad ante el poder. Tal
circunstancia dejó a la sociedad inerme, desprovista
de los resortes imprescindibles para templar y
limitar el poder, y a éste en posesión de todas las
facultades de gobierno sin restricción alguna. Con
el tiempo, ese enorme vacío pretendieron llenarlo
los partidos políticos, atribuyéndose la
representación de la sociedad, obviando que, lejos
de nacer de su seno como aspiración de sus
aspiraciones y necesidades, no eran sino el
resultado de las variadas ideologías a que dio lugar
el liberalismo, es decir, constituyendo una
variopinta visión idealizada de una configuración
política soñada y, por lo tanto, inexistente hasta
el momento, históricamente desconocida, pero con la
que buscaban sustituir una realidad política que
rechazaban por unas u otras razones. A cambio de
disfrutar sin menoscabo ni riesgos de las
prerrogativas que los privilegiaban, los partidos se
apresuraron a alimentar el ego popular proclamando
que la soberanía residía en el pueblo. Colosal
engaño, envuelto en el celofán de una perversa
concesión: cada cierto número de años harían
efectiva su soberanía depositando una
papeleta en las urnas. Nada entre dos platos.
Para que el ejercicio de la representación sea
válido, efectivo y real, necesita apoyarse en
diversos pilares. Por el momento, señalemos cuatro.
Ha de ser permanente, es decir, mantenerse sin
intermitencias temporales, con continuidad operativa
plena; participativa, canalizando la incorporación
de toda la sociedad a través de los organismos y
entidades que la vertebran; vinculante, de tal modo
que la relación entre representados y representantes
no sufra eclipses y garantice a la sociedad tanto la
presentación y defensa de sus genuinos intereses,
sin mermas ni desviaciones, como la fidelidad al
mandato otorgado. Pero, ante todo, tiene que gozar
de independencia, requisito esencial sobre el que
descansan todos los demás. Porque sin libertad queda
comprometida la eficacia, limpieza y rigor de la
institución que asuma la representación de la
sociedad. El más insignificante nexo que, de una u
otra forma, relacione al poder con la función
representativa contamina a ésta, la inutiliza y
subvierte el orden político. Otra cosa es, por
supuesto, el entendimiento que debe reinar entre el
poder y la representación social, la armonía de las
relaciones entre el poder y la sociedad.
¿Cumplen los partidos políticos estas condiciones?
¿Pueden llegar a hacerlo? ¿Están capacitados para
representar a la sociedad? ¿Pueden comprometerse a
compatibilizar sus propios intereses con los de la
sociedad? Muchas preguntas —y otras que dejo en el
tintero— y una sola respuesta. Negativa, claro,
porque como se verá, a los partidos les resulta
imposible ajustar sus actos a las condiciones
señaladas, no está en sus manos satisfacerlas en
ningún caso, ni representar a la sociedad ni llegar
nunca a acotar un espacio en el que les sea dado
asumirlas. Y es que, ni por sus objetivos, ni por
sus intereses, ni siquiera por vocación, cabe
conjugar la finalidad última de todos los partidos
sin excepción, con las demandas de la sociedad.
Los partidos no se proponen representar a la
sociedad, sino gobernarla. Su meta es siempre el
poder y sólo el poder. Cuando lo alcanzan se aferran
a él y se defienden con todas las armas a su alcance
de quienes ambicionan desalojarlos del mismo. Cuando
no disfrutan de sus beneficios dedican todas sus
energías a conquistarlo, utilizando cualquier
estrategia que les haga triunfar, y no se amilanan a
la hora de transitar atajos que acorten su estancia
en el destierro. Aún no hace dos años vivimos un
episodio clarificador, bochornoso y lamentable al
respecto.
Si
los partidos tan sólo anhelan el poder, difícilmente
cabe admitir que representen a la sociedad. Sería
una frivolidad argüir que mientras unos partidos
ascienden al poder otros se les enfrentan desde la
oposición, lo que conlleva la asunción automática de
las demandas sociales, la representación de la
sociedad. Cualquier observador puede comprobar que
éste es un enfoque voluntarista que nada tiene que
ver con la realidad. Aquí la teoría se rinde ante el
vigor de un hecho objetivo, indisimulable. Es
imposible jugar simultáneamente en las dos parcelas
de la cancha. No se puede ser y no ser al mismo
tiempo. No se puede gobernar hoy y cambiar de bando
mañana pero con la mirada puesta en la meta perdida
y deseada, máxime cuando desde el poder se tiende a
imponer medidas y resoluciones dimanantes de la
propia ideología sin que los criterios de los
diversos estamentos de la sociedad afecten al
partido que lo ocupa. De no entenderlo así,
llegaríamos a una conclusión demoledora: los
partidos sólo escuchan a la sociedad cuando malviven
en la oposición, pero olvidan sus demandas con la
máxima celeridad en cuanto salen de ella para
revestirse con las galas del poder. Pero ni siquiera
esto es verdad. Los partidos no permanecen atentos a
los deseos y necesidades de la sociedad ni siquiera
cuando son relegados a la oposición, aunque en
ocasiones sí parecen hacerlo. Es cuando sus
intereses coinciden circunstancialmente y conviene
servirse de las razones de la sociedad como ariete
frente a sus rivales en el poder. En definitiva, en
el poder o fuera de él, los partidos carecen de la
independencia exigible para ser la voz estable de la
sociedad. Dentro o fuera, siempre dependen del
poder. Para ostentarlo o para ganarlo.
Luis Pérez Domingo
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COMUNICADO DE LA CTC ANTE LA MANIFESTACION DEL 25 DE
FEBRERO
La manifestación convocada por la Asociación
Víctimas del Terrorismo para el próximo día 25 de
Febrero reviste la mayor trascendencia política y
social. Sale al paso de una política opaca de
negociación y excarcelación con los terroristas que
compromete la legalidad y la misma dignidad del
Estado. Por todo ello la Comunión Tradicionalista
Carlista se
adhiere a dicha convocatoria y anima a todos sus
afiliados y simpatizantes, así como a todos los
españoles de buena voluntad, a sumarse masivamente a
esta convocatoria.
Madrid a 8 de Febrero del 2006.
LA
JUNTA DE GOBIERNO DE LA CTC
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UNA APROXIMACIÓN AL ESTATUTO CATALÁN
La
sociedad catalana no se había planteado la necesidad
de un nuevo Estatuto. Este Proyecto es fruto de una
clase política oligárquica, encerrada en su mundo
burocrático y envenenada de un nacionalismo que no
nos lleva a ningún lado. Los que somos catalanes
vivimos este terrible divorcio entre la sociedad y
la clase política.
El
texto aporta unas expresiones que -aisladas-
asumiría cualquier foralista o tradicionalista. Se
habla de «las tradiciones de las constituciones y
otros derechos de Cataluña» o de la «tradición
jurídica catalana». Cualquier tradicionalista bien
formado encuentra en estas frases una expresión del
ideario que hemos heredado. Estas concesiones, la
verdad sea dicha, son pocas pero suficientes como
para atraer las simpatías de los que defienden que
la sociedad debe regirse por el principio de
subsidiariedad.
Pero que nadie se engañe. En ningún lugar sale la
expresión «fueros», ni el espíritu del Estatuto es
foral. Es simplemente un estatuto centralista con
227 artículos desarrollados a modo de reglamento.
Con otras palabras, es un «código napoleónico».
Contra este espíritu centralista lucharon los
catalanes del siglo XIX en las guerras carlistas, y
unas cuantas más, incluyendo la guerra contra el
francés o la de “els malcontents”. En el
preámbulo del Estatuto se enlaza la pérdida del
«autogobierno» en 1714 con el proyecto de la
«Mancomunidad» de 1914; como si durante dos siglos
el pueblo catalán no hubiera expresado sus deseos de
foralidad. Lo que ocurre es que esos dos siglos
molestan a los nacionalistas. Por un lado el siglo
XVIII fue uno de los mejores siglos de Cataluña (en
el plano demográfico y económico), gracias al
regalismo borbónico. El siglo XIX fue el siglo del
carlismo, del realismo legitimista, de las luchas
contra el afrancesamiento, del cántico a la
foralidad y contra el liberalismo encarnado, en ese
momento, en el incipiente Estado español. Un Estado
que fue, por cierto, apoyado por una naciente
burguesía catalana que luego se haría nacionalista.
En
el preámbulo también se enlaza el «espíritu» del
autogobierno de la «Mancomunidad» con el Estatuto de
1932. Esta reivindicación como mínimo es
rocambolesca. La “Mancomunitat” fue un proyecto
autonomista inspirado en las “Bases de Manresa”
promovidas por sectores más o menos tradicionales y
católicos que reivindicaban una construcción
orgánica y tradicional de Cataluña. En cambio, el
Estatuto de 1932 se formuló como un Estatuto
revolucionario. Por cierto que nada se dice sobre
los recortes que el gobierno republicano aplicó a
ese estatuto. Por último, en el preámbulo se
relaciona el Estatuto del 32 con el de 1979. Parece
como si para los redactores de este proyecto la
historia no hubiera pasado por la Guerra civil, el
franquismo y la restauración borbónica, que es la
que verdaderamente permitió el Estatuto de 1979.
El
resto del preámbulo anuncia que este Estatuto no es
un punto de llegada, sino que es un paso más en el
«proceso de construcción nacional» y que conseguir
un Estado propio es la meta final. Así, se
encuentran frases confusas que evitan explicitar que
es un Estatuto independentista. Se dice por ejemplo:
«el proyecto y el sueño de una Cataluña sin ningún
tipo de obstáculos a la libre y plena
interdependencia». El texto estatutario evita la
palabra «independencia» y la sustituye por una
extraña e incomprensible «interdependencia».
Por eso, la afirmación de que «Cataluña es una
nación» se repite hasta tres veces en el Estatuto,
por si alguno no se había enterado (dos en el
preámbulo, una en el art. 1). Esta redacción ya
presuponía el proceso de negociación en Madrid y
que, por tanto, desaparecería en el articulado, pero
quedaría en el preámbulo del Estatuto. También, para
crear confusión lingüística, se «reconoce» que el
valle de Arán es «una realidad nacional». Y para
colmo, el Estatuto se atreve a afirmar, como el que
no quiere la cosa, que: «Cataluña considera que
España es un Estado plurinacional». En el Art. 3,
encontramos una sentencia fruto de verdadera
ingeniería política: «La Generalitat es Estado».
Como el Estatuto evita hablar del Estado español
esta frase puede entenderse como que la Generalitat
es Estado (español) bien que la Generalidad es (un)
Estado. Que cada lector interprete.
No
sabemos cómo acabarán los pactos entre el gobierno
socialista y los nacionalistas catalanes, pero no
nos cabe duda que simplemente se maquillará este
Estatuto ante la opinión pública. Buena parte del
articulado de este Estatuto con sus “cargas de
profundidad” se mantendrá y algún día estallarán,
sino al tiempo.
Javier Barraycoa
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MATICES DE LA REFORMA ESTATUTARIA
Un
texto legal como un estatuto de autonomía, en el
régimen de democracia liberal imperante, ha de ser
fruto necesariamente de un consenso entre las
fuerzas políticas que han obtenido representación
parlamentaria. Sería inútil buscar en él una
estructura congruente con un sistema ideológico
definido: normalmente hay concesiones en el léxico,
en los valores que no traspasen la “corrección
política” establecida en el marco constitucional, en
la estudiada ambigüedad que pueda dar lugar a tantas
interpretaciones como convenga a la heterogeneidad
de sus inspiradores…
En
la proposición de ley orgánica de reforma del
Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana se
dan esas características: referencias a la moda de
las “nacionalidades históricas”, al parecer buscando
las raíces más allá de la experiencias autonomistas
de la II República, en la etapa de vigencia de la
foralidad, de la que sobreviven restos jurídicos y
alegando perfiles diferenciadores en personalidad,
lengua y cultura.
Recogiendo tal vez la sugerencia de la Academia
Valenciana de la Lengua, el proyecto reconoce que el
pueblo valenciano se ha organizado históricamente
como “Reino de Valencia”, pero los redactores no se
atreven a mantener tal denominación para la moderna
estructura política: se quedan en la tibieza
equidistante de “Comunidad Valenciana”. Al menos la
mención de “País Valenciano” queda relegada a la
exposición de motivos, como vinculada a cierta
“concepción moderna”, exponente oficioso de una
entelequia llamada “Países Catalanes” que como
futurible político cuenta, dentro de nuestras
lindes, con pocos pero entusiastas seguidores y en
cuyo horizonte algunos sitúan la secesión de la
unidad española y la anexión a una nueva patria
catalana, con el supuesto “Principado” como
metrópoli del “País” y las “Islas”.
El
nuevo artículo sexto proclama como aparente obviedad
que la lengua propia de la Comunidad Valenciana es
el valenciano y lo proclama idioma oficial de la
Comunidad. Esa concesión al nacionalismo y a la mala
conciencia de los partidos mayoritarios olvida que
una significativa parte del mapa valenciano la
componen comarcas y municipios de habla originaria y
exclusiva castellana. Recordemos que Joan Fuster, el
profeta oráculo de los pancatalanistas locales,
auspiciaba para estos territorios la remodelación de
sus confines administrativos de modo que pasaran a
formar parte de las regiones limítrofes con las que
comparten lengua y cultura, en aras de la
homogenización del resto del “País”, incluido en el
“dominio lingüístico catalán”. La evidencia del
carácter dominante de la lengua de Cervantes en
zonas urbanas teóricamente valencianohablantes podrá
gustar o no gustar, pero ahí está el hecho
sociolingüístico irrebatible.
Añadamos que en el art. 6.2 se señala que todos
tendrán derecho a conocer y usar el valenciano y el
castellano, pero se señala sólo el derecho a recibir
la enseñanza del y en valenciano. A la vista de lo
que acontece en Cataluña, preparemos nuestras
barbas…
A
pesar de que al castellano –en ningún caso llamado
español en el documento- se le reconoce carácter
oficial por ser el idioma oficial del Estado, queda
en el pasivo del texto concertado la mencionada
omisión de la lengua castellana como propia del ente
autonómico. Sabemos de una iniciativa popular
tendente a corregir este desatino. Pero también nos
consta que las burocracias dirigentes del P.P. y del
P.S.O.E. valencianos han tomado postura firme en
este punto. Y alcalde que se mueva en contra ve
peligrar su continuidad en las próximas listas
electorales.
En
el mismo artículo sexto hay un último punto fruto
igualmente del consenso partitocrático: La Academia
Valenciana de la Lengua es la institución normativa
del idioma valenciano. Es el contrapunto a la
invocación a la singularidad de la lengua que
fundamenta la “nacionalidad histórica” y que es la
única lengua propia. Como la Academia ha decidido
–con otras, pero parecidas palabras- que el
contenido de dicha lengua es el mismo de la que los
Tribunales autorizan a las universidades a llamar
científicamente catalán y que se habla en el famoso
dominio lingüístico, ¿qué sentido tiene a la hora de
la verdad ese empeño en proclamar que el valenciano
es la lengua de la Comunidad? Por supuesto que
podemos buscar en vano en la constitución española y
en los estatutos de las comunidades con lengua
propia la mención a las instituciones normativas de
la lengua. Por este camino, vemos las faltas de
ortografía convertidas en delito. ¡Pobres
sainetistas y pobres fallas! Y desgraciado de quien
opte por unas normas diferentes tenidas por
secesionistas….
Otra concesión al nacionalismo es la fijación
obligatoria de la nomenclatura en valenciano de las
instituciones oficiales valencianas, prohibiendo
tácitamente su traducción al castellano o a otros
idiomas, añadiéndose así más barbarismos y mal gusto
a la literatura administrativa: A la cárcel quien
hable de Las Cortes Valencianas o de la Consejería
de Sanidad… Celos de “el Parlament” o “el Estatut”
de nuestros vecinos del Norte…
¿Qué decir de la llamada “cláusula Camps”? De
problemática legalidad aunque de aceptable
intención, pretende dejar abierta la reforma del
Estatuto valenciano para incorporar al mismo
cualquier “avance” que se dé en el estatuto de otra
región española. O cae en el trámite parlamentario o
puede dar lugar a situaciones pintorescas o alterar
los ánimos alentando mimetismos estériles.
Aplausos para el loable propósito de recuperar los
Fueros del Reino de Valencia. Lástima que los Fueros
sin el espíritu de la sociedad que los necesitaba y
de la Monarquía que los respetaba sean pura
arqueología legal y que los tiempos ya en 1707 los
había convertido en parcialmente obsoletos.
Armonizarlos con la Constitución del 78 será otro
encaje de bolillos que requerirá maestría hasta
ahora no demostrada en nuestros legisladores.
Actualizarlos, en todo caso, es un objetivo
irrenunciable hasta volver a convertirlos en
costumbres hechas vida social más que en leyes
muertas de papel.
Hilario Salom

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“CHECAS DE VALENCIA”,
nuevo libro
sobre la represión republicana en el Reino de
Valencia
Nuestro amigo el historiador carlista César Alcalá
presentó a la prensa valenciana el pasado 24 de
enero su nuevo libro Checas de Valencia.
César Alcalá es autor, entre otros, de Checas de
Barcelona –de gran éxito de ventas- y La
Tercera Guerra Carlista. En esta nueva obra
realiza una crónica de la represión y de los centros
de detención en tierras valencianas durante el
dominio republicano. Un libro para leer y difundir
en honor de la verdad histórica.
Reproducimos a continuación la información aparecida
en el diario LEVANTE el 25 de enero:
César Alcalá: «Guantánamo es igual que las checas»
R. V. M., Valencia
El tema, vidrioso y lacerante, había merecido ríos
de tinta de la derecha (en tiempos de Franco, menos
de la izquierda, un fallo y un olvido). «No, los
comunistas dan la callada por respuesta, al menos
conmigo no ha hablado ninguno», afirmó ayer el
escritor en Valencia.
Los testimonios que recoge «son en su mayor parte de
la derecha -libros publicados- o de gentes a los que
amigos y familiares les contaron las cosas y merecen
crédito -al menos a mí- porque lo he cotejado con la
documentación existente. También porque Valencia
quedó en zona republicana y se persiguió a los
partidarios de Franco y de derechas durante la
guerra civil». Es la etapa que él estudia...
César Alcalá afirma que hubo 35 checas en Valencia;
en Castellón, ocho, y en Alicante, 12. «Fueron
crueles, muy crueles; lo peor eran los barcos y las
sacas, especialmente en Castellón», afirma el
escritor.
«Se hizo dentro de la legalidad vigente; la primera
era de una oficina del Estado», declara.
Aunque las de los comunistas son más conocidas,
porque Martínez de Pisón ha escrito sobre la
desaparición y muerte de Robles, traductor de John
Dos Passos. «Había una en la calle Carniceros;
otras, en Grabador Esteve, la de Santa Úrsula, la de
l'Illa...»
Los detenían «y los torturaban porque buscaban sobre
todo el dinero del Socorro Blanco, aunque también
hubo enfrentamientos entre diferentes tendencias
comunistas o de izquierda; perseguían a los
troskistas, a los del POUM, a los de Izquierda
Republicana».
«Estas prácticas se usan hoy; lo de Guantánamo es
igual, pero entonces no trasladaban a los presos en
avión, pero sí en coche; eran presos fantasmas, y no
reaparecían», afirma César Alcalá

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HIPOCRESÍA DE ZP Y FELICITACIÓN A LA ONCE
Recientemente ha saltado la noticia sobre la
pretensión del presidente del gobierno de modificar
la constitución para cambiar el término disminuido
por el de discapacitado, al considerarlo humillante.
Más allá de discusiones terminológicas hay que
destacar, por desgracia, como en la sociedad actual
cada vez son más los que se sorprenden porque las
madres tengan hijos discapacitados psíquicos o
físicos.
Hay que decirlo bien alto: ¡El mayor ataque y la
mayor humillación a los disminuidos es el aborto y
negarles el derecho a nacer por no ser perfectos!.
Por eso nos parece totalmente hipócrita que ZP
proponga semejante superficialidad mientras en
España crece la conciencia de que la vida de un
discapacitado tiene menos valor que la del resto.
Por esta misma razón debemos felicitar a la ONCE por
su última campaña publicitaria y su lema: “Seas como
seas: Bienvenido al mundo”. Porque es cierto…
¡¡AQUÍ NO SOBRA NADIE!!
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2006: “AÑO CABRERA”
Durante el presente año 2006 se celebrarán en
Morella y Tortosa diferentes actos culturales e
históricos en recuerdo del bicentenario del
nacimiento en Tortosa del bravo Ramón Cabrera y
Griñó, el Tigre del Maestrazgo, General en
jefe del Ejército del Centro en la Primera Guerra
carlista, y comandante general del ejército alzado
contra la dinastía usurpadora en la segunda Guerra
Carlista.
Con este motivo una hermosa iniciativa ha contado
con la colaboración de los carlistas valencianos: la
de de erigir una estatua ecuestre en la ciudad de
Morella. Gracias a las gestiones iniciadas por
nuestro querido amigo don Alfredo de La Figuera,
descendiente de una noble familia morellana y de la
colaboración del Círculo Cultural Aparisi y Guijarro
se han podido solicitar los permisos pertinentes,
presentar la documentación y lograr la financiación
de la escultura.
Los trabajos se hallan tan avanzados como que ya
está sobre la mesa el proyecto de emplazar la
estatua en la Plaza de Armas del castillo de la
ciudad de Morella, gracias a la intermediación del
concejal D. Francisco Medina, que se ha tomado gran
interés por el proyecto y ha solicitado ayuda
económica a la Diputación Provincial. Desde aquí le
agradecemos su interés en este pedazo de historia
española que por motivos obvios resulta más
entrañable a los carlistas.
Asimismo ya existen bocetos para la escultura, que
presentamos debajo. El artista ya ha hecho saber que
estarán disponibles en el futuro reproducciones para
los interesados en adquirirlas. Mantendremos
informados a nuestros amigos y correligionarios
sobre las novedades de este asunto, así como otros
actos conmemorativos del "año Cabrera", sobre todo
aquellos en los que nuestro Círculo participará.
Como anticipo destacar la emisión de un matasellos
especial en Tortosa sobre Cabrera para los días 27 y
28 de octubre.
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NO
A LA LEY DE TÉCNICAS DE REPRODUCCIÓN HUMANA ASISTIDA
A propuesta del gobierno, el parlamento inorgánico
que, contra la soberanía de Dios, elabora las leyes
en España, aprobará próximamente la llamada Ley de
técnicas de reproducción humana asistida. Desde la
más completa coincidencia a la Nota que al respecto
ha elaborado el comité ejecutivo de la Conferencia
episcopal española, los carlistas mostramos nuestro
más enérgico rechazo a dicha ley en los términos en
que se halla planteada por
las siguientes razones:
1) Se consagra la creación artificial de seres
humanos mediante la llamada técnica de clonación
humana, método completamente artificial que rompe
las leyes naturales establecidas por Dios para la
perpetuación de la especie.
2) Se autoriza indignantemente la producción
industrial de seres humanos, en una atroz versión
renovada de la esclavitud que creíamos ya superada.
3)
A mayor abundamiento dicha producción industrial se
hallará encaminada a la destrucción de seres humanos
en fase de embrión y su utilización para
fines lucrativos, tanto en el campo de la
investigación científica como en el del mercado de
la reproducción humana remunerada.
4) Se establece desde el poder político la legalidad
de la eugenesia. La creación industrial de seres
humanos en embrión se utilizará para seleccionar
entre varios hermanos a aquel más sano para destruir
a los menos cualificados, cuyos restos serán
empleados por la industria para experimentar con
ellos.
5) Se autoriza la comercialización, tráfico y uso
industrial de los seres humanos en fase de embrión
sobrantes (en palabras literales de los
legisladores) de las inmorales y antinaturales
técnicas de fecundación in vitro, método antinatural
de fabricación de seres humanos que segrega la
reproducción humana del amor conyugal, ya
actualmente legal en nuestro desdichado país.
6) Por último, como remate escandaloso, se legaliza
el animalismo o experimentación interespecies, al
autorizar la fecundación de óvulos animales por
espermatozoides humanos. El horror literario del
doctor Mabuse convertido en realidad respaldada por
nuestro gobierno
Todo este conjunto de medidas suponen la aceptación
legal de la moral utilitarista, propugnada por la
filosofía racista y antitea del superhombre, que
establece el valor de la vida humana en función de
la utilidad que esta pueda proporcionar desde una
visión materialista y comercial. La dignidad del ser
humano es escarnecida y pisoteada por esta ley, que
contraviene abiertamente la moral natural y la Ley
de Dios que establece claramente que la vida es
sagrada y que todos los hombres poseemos idéntica
dignidad, sea cual sea nuestra edad, estado de salud
o condiciones.
Animamos a todos los carlistas y a todos los
españoles de bien a oponerse con todas sus fuerzas y
por todos los medios que consideren oportunos y
morales a esta ley, a sus principios y postulados, a
sus efectos y a sus consecuencias.
Junta Regional de la Comunión Tradicionalista
Carlista del Reino de Valencia
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