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BOLETÍN REINO DE VALENCIA. número 43. Enero-febrero de 2006

- Partidos y representación (1). por Luis Pérez Domingo

- Comunicado de la CTC ante la manifestación del 25 de febrero

- Una aproximación al estatuto catalán. por Javier Barraycoa

- Matices de la reforma estatutaria. por Hilario Salom

- "Checas de Valencia", nuevo libro sobre la represión republicana en el Reino de Valencia

- Hipocresía de ZP y felicitación a la ONCE

- 2006. Año Cabrera.

- No a la ley de técnicas de reproducción humana asistida. Comunicado de la Junta regional del Reino de Valencia

 

PARTIDOS Y REPRESENTACIÓN (1)

 

La desaparición del sistema foral cercenó de raíz su permanente y obligado proceso de actualización, truncando de manera definitiva la trayectoria que, siguiendo su curso natural, hubiera debido desembocar en la articulación de la representación plena de la sociedad ante el poder. Tal circunstancia dejó a la sociedad inerme, desprovista de los resortes imprescindibles para templar y limitar el poder, y a éste en posesión de todas las facultades de gobierno sin restricción alguna. Con el tiempo, ese enorme vacío pretendieron llenarlo los partidos políticos, atribuyéndose la representación de la sociedad, obviando que, lejos de nacer de su seno como aspiración de sus aspiraciones y necesidades, no eran sino el resultado de las variadas ideologías a que dio lugar el liberalismo, es decir, constituyendo una variopinta visión idealizada de una configuración política soñada y, por lo tanto, inexistente hasta el momento, históricamente desconocida, pero con la que buscaban sustituir una realidad política que rechazaban por unas u otras razones. A cambio de disfrutar sin menoscabo ni riesgos de las prerrogativas que los privilegiaban, los partidos se apresuraron a alimentar el ego popular proclamando que la soberanía residía en el pueblo. Colosal engaño, envuelto en el celofán de una perversa concesión: cada cierto número de años harían efectiva su soberanía depositando una papeleta en las urnas. Nada entre dos platos.

 

Para que el ejercicio de la representación sea válido, efectivo y real, necesita apoyarse en diversos pilares. Por el momento, señalemos cuatro. Ha de ser permanente, es decir, mantenerse sin intermitencias temporales, con continuidad operativa plena; participativa, canalizando la incorporación de toda la sociedad a través de los organismos y entidades que la vertebran; vinculante, de tal modo que la relación entre representados y representantes no sufra eclipses y garantice a la sociedad tanto la presentación y defensa de sus genuinos intereses, sin mermas ni desviaciones, como la fidelidad al mandato otorgado. Pero, ante todo, tiene que gozar de independencia, requisito esencial sobre el que descansan todos los demás. Porque sin libertad queda comprometida la eficacia, limpieza y rigor de la institución que asuma la representación de la sociedad. El más insignificante nexo que, de una u otra forma, relacione al poder con la función representativa contamina a ésta, la inutiliza y subvierte el orden político. Otra cosa es, por supuesto, el entendimiento que debe reinar entre el poder y la representación social, la armonía de las relaciones entre el poder y la sociedad.

 

¿Cumplen los partidos políticos estas condiciones? ¿Pueden llegar a hacerlo? ¿Están capacitados para representar a la sociedad? ¿Pueden comprometerse a compatibilizar sus propios intereses con los de la sociedad? Muchas preguntas —y otras que dejo en el tintero— y una sola respuesta. Negativa, claro, porque como se verá, a los partidos les resulta imposible ajustar sus actos a las condiciones señaladas, no está en sus manos satisfacerlas en ningún caso, ni representar a la sociedad ni llegar nunca a acotar un espacio en el que les sea dado asumirlas. Y es que, ni por sus objetivos, ni por sus intereses, ni siquiera por vocación, cabe conjugar la finalidad última de todos los partidos sin excepción, con las demandas de la sociedad.

Los partidos no se proponen representar a la sociedad, sino gobernarla. Su meta es siempre el poder y sólo el poder. Cuando lo alcanzan se aferran a él y se defienden con todas las armas a su alcance de quienes ambicionan desalojarlos del mismo. Cuando no disfrutan de sus beneficios dedican todas sus energías a conquistarlo, utilizando cualquier estrategia que les haga triunfar, y no se amilanan a la hora de transitar atajos que acorten su estancia en el destierro. Aún no hace dos años vivimos un episodio clarificador, bochornoso y lamentable al respecto.

 

Si los partidos tan sólo anhelan el poder, difícilmente cabe admitir que representen a la sociedad. Sería una frivolidad argüir que mientras unos partidos ascienden al poder otros se les enfrentan desde la oposición, lo que conlleva la asunción automática de las demandas sociales, la representación de la sociedad. Cualquier observador puede comprobar que éste es un enfoque voluntarista que nada tiene que ver con la realidad. Aquí la teoría se rinde ante el vigor de un hecho objetivo, indisimulable. Es imposible jugar simultáneamente en las dos parcelas de la cancha. No se puede ser y no ser al mismo tiempo. No se puede gobernar hoy y cambiar de bando mañana pero con la mirada puesta en la meta perdida y deseada, máxime cuando desde el poder se tiende a imponer medidas y resoluciones dimanantes de la propia ideología sin que los criterios de los diversos estamentos de la sociedad afecten al partido que lo ocupa. De no entenderlo así, llegaríamos a una conclusión demoledora: los partidos sólo escuchan a la sociedad cuando malviven en la oposición, pero olvidan sus demandas con la máxima celeridad en cuanto salen de ella para revestirse con las galas del poder. Pero ni siquiera esto es verdad. Los partidos no permanecen atentos a los deseos y necesidades de la sociedad ni siquiera cuando son relegados a la oposición, aunque en ocasiones sí parecen hacerlo. Es cuando sus intereses coinciden circunstancialmente y conviene servirse de las razones de la sociedad como ariete frente a sus rivales en el poder. En definitiva, en el poder o fuera de él, los partidos carecen de la independencia exigible para ser la voz estable de la sociedad. Dentro o fuera, siempre dependen del poder. Para ostentarlo o para ganarlo.

 

Luis Pérez Domingo

 

 

COMUNICADO DE LA CTC ANTE LA MANIFESTACION DEL 25 DE FEBRERO

La manifestación convocada por la Asociación Víctimas del Terrorismo para el próximo día 25 de Febrero reviste la mayor trascendencia política y social. Sale al paso de una política opaca de negociación y excarcelación con los terroristas que compromete la legalidad y la misma dignidad del Estado. Por todo ello la Comunión Tradicionalista Carlista se adhiere a dicha convocatoria y anima a todos sus afiliados y simpatizantes, así como a todos los españoles de buena voluntad, a sumarse masivamente a esta convocatoria.

Madrid a 8 de Febrero del 2006.

LA JUNTA DE GOBIERNO DE LA CTC

 

 

UNA APROXIMACIÓN AL ESTATUTO CATALÁN

 

La sociedad catalana no se había planteado la necesidad de un nuevo Estatuto. Este Proyecto es fruto de una clase política oligárquica, encerrada en su mundo burocrático y envenenada de un nacionalismo que no nos lleva a ningún lado. Los que somos catalanes vivimos este terrible divorcio entre la sociedad y la clase política.

 

El texto aporta unas expresiones que -aisladas- asumiría cualquier foralista o tradicionalista. Se habla de «las tradiciones de las constituciones y otros derechos de Cataluña» o de la «tradición jurídica catalana». Cualquier tradicionalista bien formado encuentra en estas frases una expresión del ideario que hemos heredado. Estas concesiones, la verdad sea dicha, son pocas pero suficientes como para atraer las simpatías de los que defienden que la sociedad debe regirse por el principio de subsidiariedad.

 

Pero que nadie se engañe. En ningún lugar sale la expresión «fueros», ni el espíritu del Estatuto es foral. Es simplemente un estatuto centralista con 227 artículos desarrollados a modo de reglamento. Con otras palabras, es un «código napoleónico». Contra este espíritu centralista lucharon los catalanes del siglo XIX en las guerras carlistas, y unas cuantas más, incluyendo la guerra contra el francés o la de “els malcontents”. En el preámbulo del Estatuto se enlaza la pérdida del «autogobierno» en 1714 con el proyecto de la «Mancomunidad» de 1914; como si durante dos siglos el pueblo catalán no hubiera expresado sus deseos de foralidad. Lo que ocurre es que esos dos siglos molestan a los nacionalistas. Por un lado el siglo XVIII fue uno de los mejores siglos de Cataluña (en el plano demográfico y económico), gracias al regalismo borbónico. El siglo XIX fue el siglo del carlismo, del realismo legitimista, de las luchas contra el afrancesamiento, del cántico a la foralidad y contra el liberalismo encarnado, en ese momento, en el incipiente Estado español. Un Estado que fue, por cierto, apoyado por una naciente burguesía catalana que luego se haría nacionalista.

 

En el preámbulo también se enlaza el «espíritu» del autogobierno de la «Mancomunidad» con el Estatuto de 1932. Esta reivindicación como mínimo es rocambolesca. La “Mancomunitat” fue un proyecto autonomista inspirado en las “Bases de Manresa” promovidas por sectores más o menos tradicionales y católicos que reivindicaban una construcción orgánica y tradicional de Cataluña. En cambio, el Estatuto de 1932 se formuló como un Estatuto revolucionario. Por cierto que nada se dice sobre los recortes que el gobierno republicano aplicó a ese estatuto. Por último, en el preámbulo se relaciona el Estatuto del 32 con el de 1979. Parece como si para los redactores de este proyecto la historia no hubiera pasado por la Guerra civil, el franquismo y la restauración borbónica, que es la que verdaderamente permitió el Estatuto de 1979.

 

El resto del preámbulo anuncia que este Estatuto no es un punto de llegada, sino que es un paso más en el «proceso de construcción nacional» y que conseguir un Estado propio es la meta final. Así, se encuentran frases confusas que evitan explicitar que es un Estatuto independentista. Se dice por ejemplo: «el proyecto y el sueño de una Cataluña sin ningún tipo de obstáculos a la libre y plena interdependencia». El texto estatutario evita la palabra «independencia» y la sustituye por una extraña e incomprensible «interdependencia». 

 

Por eso, la afirmación de que «Cataluña es una nación» se repite hasta tres veces en el Estatuto, por si alguno no se había enterado (dos en el preámbulo, una en el art. 1). Esta redacción ya presuponía el proceso de negociación en Madrid y que, por tanto, desaparecería en el articulado, pero quedaría en el preámbulo del Estatuto. También, para crear confusión lingüística, se «reconoce» que el valle de Arán es «una realidad nacional». Y para colmo, el  Estatuto se atreve a afirmar, como el que no quiere la cosa, que: «Cataluña considera que España es un Estado plurinacional». En el Art. 3, encontramos una sentencia fruto de verdadera ingeniería política: «La Generalitat es Estado». Como el Estatuto evita hablar del Estado español esta frase puede entenderse como que la Generalitat es Estado (español) bien que la Generalidad es (un) Estado. Que cada lector interprete.

 

No sabemos cómo acabarán los pactos entre el gobierno socialista y los nacionalistas catalanes, pero no nos cabe duda que simplemente se maquillará este Estatuto ante la opinión pública. Buena parte del articulado de este Estatuto con sus “cargas de profundidad” se mantendrá y algún día estallarán, sino al tiempo.

 

Javier Barraycoa

 

 

MATICES DE LA REFORMA ESTATUTARIA

 

Un texto legal como un estatuto de autonomía, en el régimen de democracia liberal imperante, ha de ser fruto necesariamente de un consenso entre las fuerzas políticas que han obtenido representación parlamentaria. Sería inútil buscar en él una estructura congruente con un sistema ideológico definido: normalmente hay concesiones en el léxico, en los valores que no traspasen la “corrección política” establecida en el marco constitucional, en la estudiada ambigüedad que pueda dar lugar a tantas interpretaciones como convenga a la heterogeneidad de sus inspiradores…

 

En la proposición de ley orgánica de reforma del Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana se dan esas características: referencias a la moda de las “nacionalidades históricas”, al parecer buscando las raíces más allá de la experiencias autonomistas de la II República, en la etapa de vigencia de la foralidad, de la que sobreviven restos jurídicos y alegando perfiles diferenciadores en personalidad, lengua y cultura.

 

Recogiendo tal vez la sugerencia de la Academia Valenciana de la Lengua, el proyecto reconoce que el pueblo valenciano se ha organizado históricamente como “Reino de Valencia”, pero los redactores no se atreven a mantener tal denominación para la moderna estructura política: se quedan en la tibieza equidistante de “Comunidad Valenciana”. Al menos la mención de “País Valenciano” queda relegada a la exposición de motivos, como vinculada a cierta “concepción moderna”, exponente oficioso de una entelequia llamada “Países Catalanes” que como futurible político cuenta, dentro de nuestras lindes,  con pocos pero entusiastas seguidores y en cuyo horizonte algunos sitúan la secesión de la unidad española y la anexión a una nueva patria catalana, con el supuesto “Principado” como metrópoli del “País” y las “Islas”.

 

El nuevo artículo sexto proclama como aparente obviedad que la lengua propia de la Comunidad Valenciana es el valenciano y lo proclama idioma oficial de la Comunidad. Esa concesión al nacionalismo y a la mala conciencia de los partidos mayoritarios olvida que una significativa parte del mapa valenciano la componen comarcas y municipios de habla originaria y exclusiva castellana. Recordemos que Joan Fuster, el profeta oráculo de los pancatalanistas locales, auspiciaba para estos territorios la remodelación de sus confines administrativos de modo que pasaran a formar parte de las regiones limítrofes con las que comparten lengua y cultura, en aras de la homogenización del resto del “País”, incluido en el “dominio lingüístico catalán”. La evidencia del carácter dominante de la lengua de Cervantes en zonas urbanas teóricamente valencianohablantes podrá gustar o no gustar, pero ahí está el hecho sociolingüístico irrebatible.

 

Añadamos que en el art. 6.2 se señala que todos tendrán derecho a conocer y usar el valenciano y el castellano, pero se señala sólo el derecho a recibir la enseñanza del y en valenciano. A la vista de lo que acontece en Cataluña, preparemos nuestras barbas…

 

A pesar de que al castellano –en ningún caso llamado español en el documento- se le reconoce carácter oficial por ser el idioma oficial del Estado, queda en el pasivo del texto concertado la mencionada omisión de la lengua castellana como propia del ente autonómico. Sabemos de una iniciativa popular tendente a corregir este desatino. Pero también nos consta que las burocracias dirigentes del P.P. y del P.S.O.E. valencianos han tomado postura firme en este punto. Y alcalde que se mueva en contra ve peligrar su continuidad en las próximas listas electorales.

 

En el mismo artículo sexto hay un último punto fruto igualmente del consenso partitocrático: La Academia Valenciana de la Lengua es la institución normativa del idioma valenciano. Es el contrapunto a la invocación a la singularidad de la lengua que fundamenta la “nacionalidad histórica” y que es la única lengua propia. Como la Academia ha decidido –con otras, pero parecidas palabras- que el contenido de dicha lengua es el mismo de la que los Tribunales autorizan a las universidades a llamar científicamente catalán y que se habla en el famoso dominio lingüístico, ¿qué sentido tiene a la hora de la verdad ese empeño en proclamar que el valenciano es la lengua de la Comunidad? Por supuesto que podemos buscar en vano en la constitución española y en los estatutos de las comunidades con lengua propia la mención a las instituciones normativas de la lengua. Por este camino, vemos las faltas de ortografía convertidas en delito. ¡Pobres sainetistas y pobres fallas! Y desgraciado de quien opte por unas normas diferentes tenidas por secesionistas….

 

Otra concesión al nacionalismo es la fijación obligatoria de la nomenclatura en valenciano de las instituciones oficiales valencianas, prohibiendo tácitamente su traducción al castellano o a otros idiomas, añadiéndose así más barbarismos y mal gusto a la literatura administrativa: A la cárcel quien hable de Las Cortes Valencianas o de la Consejería de Sanidad… Celos de “el Parlament” o “el Estatut” de nuestros vecinos del Norte…

 

¿Qué decir de la llamada “cláusula Camps”? De problemática legalidad aunque de aceptable intención, pretende dejar abierta la reforma del Estatuto valenciano para incorporar al mismo cualquier “avance” que se dé en el estatuto de otra región española. O cae en el trámite parlamentario o puede dar lugar a situaciones pintorescas o alterar los ánimos alentando mimetismos estériles.

Aplausos para el loable propósito de recuperar los Fueros del Reino de Valencia. Lástima que los Fueros sin el espíritu de la sociedad que los necesitaba y de la Monarquía que los respetaba sean pura arqueología legal y que los tiempos ya en 1707 los había convertido en parcialmente obsoletos. Armonizarlos con la Constitución del 78 será otro encaje de bolillos que requerirá maestría hasta ahora no demostrada en nuestros legisladores. Actualizarlos, en todo caso, es un objetivo irrenunciable hasta volver a convertirlos en costumbres  hechas vida social más que en leyes muertas de papel.

 

Hilario Salom

 

 

 

“CHECAS DE VALENCIA”, nuevo libro sobre la represión republicana en el Reino de Valencia

 

Nuestro amigo el historiador carlista César Alcalá presentó a la prensa valenciana el pasado 24 de enero su nuevo libro Checas de Valencia. César Alcalá es autor, entre otros, de Checas de Barcelona –de gran éxito de ventas- y La Tercera Guerra Carlista. En esta nueva obra realiza una crónica de la represión y de los centros de detención en tierras valencianas durante el dominio republicano. Un libro para leer y difundir en honor de la verdad histórica.

Reproducimos a continuación la información aparecida en el diario LEVANTE el 25 de enero:

César Alcalá: «Guantánamo es igual que las checas»

R. V. M., Valencia
 

El tema, vidrioso y lacerante, había merecido ríos de tinta de la derecha (en tiempos de Franco, menos de la izquierda, un fallo y un olvido). «No, los comunistas dan la callada por respuesta, al menos conmigo no ha hablado ninguno», afirmó ayer el escritor en Valencia.

Los testimonios que recoge «son en su mayor parte de la derecha -libros publicados- o de gentes a los que amigos y familiares les contaron las cosas y merecen crédito -al menos a mí- porque lo he cotejado con la documentación existente. También porque Valencia quedó en zona republicana y se persiguió a los partidarios de Franco y de derechas durante la guerra civil».  Es la etapa que él estudia...

César Alcalá afirma que hubo 35 checas en Valencia; en Castellón, ocho, y en Alicante, 12. «Fueron crueles, muy crueles; lo peor eran los barcos y las sacas, especialmente en Castellón», afirma el escritor.
«Se hizo dentro de la legalidad vigente; la primera era de una oficina del Estado», declara.
Aunque las de los comunistas son más conocidas, porque Martínez de Pisón ha escrito sobre la desaparición y muerte de Robles, traductor de John Dos Passos. «Había una en la calle Carniceros; otras, en Grabador Esteve, la de Santa Úrsula, la de l'Illa...»
Los detenían «y los torturaban porque buscaban sobre todo el dinero del Socorro Blanco, aunque también hubo enfrentamientos entre diferentes tendencias comunistas o de izquierda; perseguían a los troskistas, a los del POUM, a los de Izquierda Republicana».
 

«Estas prácticas se usan hoy; lo de Guantánamo es igual, pero entonces no trasladaban a los presos en avión, pero sí en coche; eran presos fantasmas, y no reaparecían», afirma César Alcalá 

 

 

 

HIPOCRESÍA DE ZP Y FELICITACIÓN A LA ONCE

 

Recientemente ha saltado la noticia sobre la pretensión del presidente del gobierno de modificar la constitución para cambiar el término disminuido por el de discapacitado, al considerarlo humillante. Más allá de discusiones terminológicas hay que destacar, por desgracia, como en la sociedad actual cada vez son más los que se sorprenden porque las madres tengan hijos discapacitados psíquicos o físicos.

 

Hay que decirlo bien alto: ¡El mayor ataque y la mayor humillación a los disminuidos es el aborto y negarles el derecho a nacer por no ser perfectos!. Por eso nos parece totalmente hipócrita que ZP proponga semejante superficialidad mientras en España crece la conciencia de que la vida de un discapacitado tiene menos valor que la del resto. Por esta misma razón debemos felicitar a la ONCE por su última campaña publicitaria y su lema: “Seas como seas: Bienvenido al mundo”. Porque es cierto…

 

¡¡AQUÍ NO SOBRA NADIE!!

 

 

2006: “AÑO CABRERA”

 

Durante el presente año 2006 se celebrarán en Morella y Tortosa diferentes actos culturales e históricos en recuerdo del bicentenario del nacimiento en Tortosa del bravo Ramón Cabrera y Griñó, el Tigre del Maestrazgo, General en jefe del Ejército del Centro en la Primera Guerra carlista, y comandante general del ejército alzado contra la dinastía usurpadora en la segunda Guerra Carlista.

 

Con este motivo una hermosa iniciativa ha contado con la colaboración de los carlistas valencianos: la de de erigir una estatua ecuestre en la ciudad de Morella. Gracias a las gestiones iniciadas por nuestro querido amigo don Alfredo de La Figuera, descendiente de una noble familia morellana y de la colaboración del Círculo Cultural Aparisi y Guijarro se han podido solicitar los permisos pertinentes, presentar la documentación y lograr la financiación de la escultura.

Los trabajos se hallan tan avanzados como que ya está sobre la mesa el proyecto de emplazar la estatua en la Plaza de Armas del castillo de la ciudad de Morella, gracias a la intermediación del concejal D. Francisco Medina, que se ha tomado gran interés por el proyecto y ha solicitado ayuda económica a la Diputación Provincial. Desde aquí le agradecemos su interés en este pedazo de historia española que por motivos obvios resulta más entrañable a los carlistas.

 

Asimismo ya existen bocetos para la escultura, que presentamos debajo. El artista ya ha hecho saber que estarán disponibles en el futuro reproducciones para los interesados en adquirirlas. Mantendremos informados a nuestros amigos y correligionarios sobre las novedades de este asunto, así como otros actos conmemorativos del "año Cabrera", sobre todo aquellos en los que nuestro Círculo participará. Como anticipo destacar la emisión de un matasellos especial en Tortosa sobre Cabrera para los días 27 y 28 de octubre.

 

 

NO A LA LEY DE TÉCNICAS DE REPRODUCCIÓN HUMANA ASISTIDA

A propuesta del gobierno, el parlamento inorgánico que, contra la soberanía de Dios, elabora las leyes en España, aprobará próximamente la llamada Ley de técnicas de reproducción humana asistida. Desde la más completa coincidencia a la Nota que al respecto ha elaborado el comité ejecutivo de la Conferencia episcopal española, los carlistas mostramos nuestro más enérgico rechazo a dicha ley en los términos en que se halla planteada por
las siguientes razones:

1) Se consagra la creación artificial de seres humanos mediante la llamada técnica de clonación humana, método completamente artificial que rompe las leyes naturales establecidas por Dios para la perpetuación de la especie.

2) Se autoriza indignantemente la producción industrial de seres humanos, en una atroz versión renovada de la esclavitud que creíamos ya superada.

 

3) A mayor abundamiento dicha producción industrial se hallará encaminada a la destrucción de seres humanos en fase de embrión y su utilización para
fines lucrativos, tanto en el campo de la investigación científica como en el del mercado de la reproducción humana remunerada.

4) Se establece desde el poder político la legalidad de la eugenesia. La creación industrial de seres humanos en embrión se utilizará para seleccionar entre varios hermanos a aquel más sano para destruir a los menos cualificados, cuyos restos serán empleados por la industria para experimentar con ellos.

5) Se autoriza la comercialización, tráfico y uso industrial de los seres humanos en fase de embrión sobrantes (en palabras literales de los legisladores) de las inmorales y antinaturales técnicas de fecundación in vitro, método antinatural de fabricación de seres humanos que segrega la reproducción humana del amor conyugal, ya actualmente legal en nuestro desdichado país.

6) Por último, como remate escandaloso, se legaliza el animalismo o experimentación interespecies, al autorizar la fecundación de óvulos animales por espermatozoides humanos. El horror literario del doctor Mabuse convertido en realidad respaldada por nuestro gobierno

Todo este conjunto de medidas suponen la aceptación legal de la moral utilitarista, propugnada por la filosofía racista y antitea del superhombre, que establece el valor de la vida humana en función de la utilidad que esta pueda proporcionar desde una visión materialista y comercial. La dignidad del ser humano es escarnecida y pisoteada por esta ley, que contraviene abiertamente la moral natural y la Ley de Dios que establece claramente que la vida es sagrada y que todos los hombres poseemos idéntica dignidad, sea cual sea nuestra edad, estado de salud o condiciones.

Animamos a todos los carlistas y a todos los españoles de bien a oponerse con todas sus fuerzas y por todos los medios que consideren oportunos y morales a esta ley, a sus principios y postulados, a sus efectos y a sus consecuencias.

Junta Regional de la Comunión Tradicionalista Carlista del Reino de Valencia

 

 

 

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