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Desde su fundación, en 1978 con una
constitución atea, hemos vivido hitos
increíbles como el divorcio, el aborto, la
eutanasia pasiva, líneas de investigación
con células madre embrionarias, escuelas
laicas que omiten la Verdad de Cristo, Leyes
contra la Iglesia Católica y sus postulados,
o sea, los postulados de los Diez
Mandamientos y del Evangelio.
No
existe ya el concepto de Patria, y se ha
impuesto, y se impondrá más todavía, el
silencio de los que tienen a su cargo la
defensa de su unidad. Unidad en la variedad
de todos los Reinos que, en sus Estatutos de
Autonomía, aniquilan toda Tradición política
y legislan erigiéndose en Naciones dentro de
la Patria, con clara voluntad de separarse
de ella.
No
corresponde en absoluto este sistema al
tradicional sistema jurídico foral basado en
la Historia ancestral de cada uno de
nuestros Reinos, creados junto y por la
Iglesia Católica, con su apoyo, con sus
enseñanzas, con la Fe de sus pueblos, que ha
desaparecido casi totalmente.
Ya
se oyen voces acerca de la situación de la
Corona de Las Españas, que con su actitud
reverencial al firmar el texto
constitucional, ha devenido en
irresponsable, debiendo firmar leyes de la
cultura de la muerte. Un rey carlista jamás
hubiese firmado una ley del divorcio,
aborto, matrimonios no definidos…Hasta en
las páginas de un periódico regional pude
leer la expresión “un rey cruel” hacia quien
ostenta la Jefatura del Estado.
Nuestras libertades van desapareciendo,
siendo perseguidas con imposiciones
culturales y mediáticas todas nuestras
tradiciones seculares, nuestra célula
inicial de cada sociedad: la familia.
Nuestros Ayuntamientos, institución básica
política que debía ser ejemplo de libertad y
de garantía de progreso, se ven sometidos
por otras instituciones administrativas
centrales que llegan a ahogar toda cuestión
de libre ejercicio de la potestad y de la
autoridad.
No
existe justicia. Sí existen leyes, pero no
tienen por qué ser justas, y no lo son. Los
jueces se ven abocados a dictar resoluciones
en contra de su conciencia, únicamente para
aplicar la ley, que saben injusta. La
justicia se ha perdido.
Aquella frase de San Agustín que proclamaba
que la política era la forma más excelsa de
ejercer la caridad, ha caído
en el más puro vacío, por nuestros
políticos.
Señor, los carlistas llevamos treinta años
esperando vuestra presencia y la asunción
por vuestra egregia persona de la Historia y
Doctrina carlista. Contareis con nuestro
total apoyo y disciplina. Por Dios, La
Patria, Los Fueros y el Rey.
Reitero la solicitud de perdón por el
atrevimiento de esta carta.
Siempre vuestro, Federico Ferrando Roda. |