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Son nostalgias de un tiempo en que todo
empezaba a cambiar, y que al lado de lo que
hoy estamos viviendo en este planeta tierra
ya globalizado, se echa de menos. El sabor
de la auténtica y pequeña fresa, la familia
los domingos con su paella, gaseosa
revoltosa tocada color vino y lionesas de
nata y chocolate de postre.
Tiempos en que jugábamos por el hecho de
estar juntos con los primos. No teníamos
allí juguetes, pero daba igual. La mayor
ilusión era estar con los primos.
Hoy, desconozco las ilusiones de los niños,
pues los míos ya son mayores. Creo que todas
se centran en jugar solos a la “play”,
escuchar música solos en la mp3, o ver la
“cartoon network” a todas horas.
Me
pregunto dónde quedan las tertulias de los
mayores que tanto nos gustaba escuchar a los
pequeños, en las que contaban todas las
batallitas de la guerra, de la mili, del
fútbol, o de la tía Margarita de no recuerdo
qué pueblo. No se habla en las familias. En
las reuniones como bodas, comuniones,
entierros, únicamente un ¿Cómo estás?, todo
bien.
Si
el lema del Encuentro Mundial de las
Familias es la “Transmisión de la fe en la
familia”, o sea, la tradición oral de la fe
en Cristo dentro de la familia, ha de
hacerse realidad con los ambientes actuales,
vamos mal. Valdría recordar a Edouard
René, quien dice que “Educar a un hombre
es formar un individuo que no deja nada tras
de sí; educar a una mujer es formar
generaciones venideras”.
No
estando de acuerdo con él en todo, sí que
indica que la mejor escuela de las nuevas
generaciones católicas son las rodillas de
una madre y eliminar todos esos aparatos del
demonio.
Como en los viejos tiempos, saludar la
primavera con las “fresas de mis fresares”.
PUBLICADO POR DIARIO LEVANTE-EMV 29/04/06,
DIARIO EXTREMADURA AL
DIA 29/04/06,
EL CONFIDENCIAL DIGITAL
30/04/06 |