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Aunque hayan pasado
casi treinta años, debéis acordaros de mi.
Tenía veintipocos años, era bibliotecario de
Ondárroa, pueblo que amaba con toda mi alma.
Era vasco, y español hasta la médula,
precisamente por ser vasco. Como Jefe de las
Juventudes Carlistas de Vizcaya, yo, José
Mari Arrizabalaga Arcocha, nunca pensé que
las amenazas que recibía de vosotros se iban
a hacer realidad, porque os conocía de toda
la vida. No
tuvisteis piedad ni valentía. Dos tiros en
la nuca y caí encima de mi mesa en la
Biblioteca de Ondárroa muerto. Pero no
pudisteis acabar con mi espíritu que se
multiplicó en muchos de mis hermanos
carlistas de toda España. Son ellos los que,
ahora, me rezan para que la situación en
Vizcaya, Guipúzcoa y Álava se resuelva y no
se den los escándalos que estáis dando. ¡A
estas horas, el follón del congreso
batasuno! |
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Después de haber hundido el pueblo vasco, el
ser más intrínseco de los vascos, mancillado
la lengua vasca y acabado con cualquier viso
de Tradición Católica de mi pueblo vasco,
venís a engorrinar nuestras tumbas.
Nosotros, las víctimas, que en la Gloria de
Dios ya os hemos perdonado, gritamos a
vuestras conciencias (si todavía os quedan)
que dejéis la violencia que ha destrozado y
dividido para siempre tantas familias. Si
pasados setenta años desde el inicio de la
Guerra Civil, todavía emergen los rencores
entre las más altas clases políticas, los
vascos, que no olvidamos, sufriremos la
lacra de vuestros asesinatos generaciones y
generaciones.
Sólo os pido, por mis queridos carlistas,
cordura y el abandono de la violencia. No
podéis seguir haciendo el mal, que tanto
duele a la raza humana, a Nuestro Señor. Un
abrazo en Cristo Rey para todos vosotros,
que falta os hace. Espero veros a todos
juntos el 25 de febrero en la manifestación
contra el Terrorismo.
PUBLICADO POR DIARIO SIGLO XXI 18/01/2006,
DIARIO DE VALENCIA
28/01/2006 |