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Me choca, grandemente, la aparición, como
por ensalmo, de multitud de agencias de
compra-venta de pisos, apartamentos, chalets
o terrenos. En los pueblos pequeños es donde
más se nota. Y haciéndome preguntas, y
recordando, he llegado a una conclusión: En
la época Zaplana, en la Generalitat
Valenciana, y coincidiendo con el mandato de
Aznar, creo recordar que se iba a
promocionar este negocio en toda Europa.
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Después, casualmente, apareció la denominada
«burbuja inmobiliaria»: Se construía más que
nunca y, sin embargo, los pisos iban
subiendo de precio aceleradamente. ¿Cómo
este contrasentido? ¡Si debieran bajar de
precio, ya que se construye tanto!
La respuesta es la ley de la oferta y la
demanda. A mayor demanda, suben los precios.
Como la demanda se ha acrecentado por haber
muchos compradores en Europa, ingleses
particularmente, al estar apoyada por los
poderes públicos desde España, como efecto
rebote, se han disparado los precios. Los
paganos somos los españoles, que no poseemos
las rentas de los europeos ricos; ya que,
por mucho que digan, somos el pariente pobre
de Europa.
Haciendo un símil, es como si en una familia
de clase media-baja, el padre, dadas las
condiciones precarias de trabajo, dispusiera
en vender a forasteros su casa, habitación
por habitación. Al final, ellos, vivirían en
la cocina, y los otros, propietarios de casi
toda su vivienda, serían mayoría.
Entre la inmigración galopante que
padecemos, y las macro urbanizaciones que
hay y habrán, la población española puede
ponerse al doble en pocos años. Y los
españoles serán minoría. Seremos extranjeros
en nuestro propio país, y con escasos
recursos naturales.
Sugiero que, desde el poder, se haga uso del
capital imaginación, que teóricamente abunda
en este país. Y se busquen nuevos negocios
para dar trabajo a la población. Porque lo
fácil es vender nuestra vivienda y nuestra
dignidad.
Publicado por diario Información de Alicante
el 09/01/07 |