martes, 15 de enero de 2008

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8 de enero de 2008. El rincón de Federico. La cruz de la abuela

 

 

La tía estaba buscando entre sus cosillas, cuando ví una cruz metálica, sobredorada, muy bonita y completa, pues a los pies de Nuestro Señor Jesucristo, llevaba la calavera con dos tibias cruzadas recordando que venció a la muerte.

Le pregunté a la tía por aquella cruz y me contó su historia. Historia que se había guardado en la familia y que, como en muchas familias católicas que padecieron la guerra de 1936-1939, habían quedado en sus corazones. A partir de esto, el perdón.

La tía me contó que en la Segunda República, cuando el Gobierno ordenó la retirada de los crucifijos de las escuelas, todas las madres católicas que tenían hijos en edad de ir al colegio, decidieron colgarse al cuello esa bellísima cruz dorada.

Las circunstancias, mucho más extremas que las actuales, dan un valor si cabe más intenso a este hecho que me demuestra que las madres católicas de la época también plantaron cara a las decisiones del Gobierno republicano, con una valentía que luego, pasado todo, las que quedaron, guardaron en su corazón para sacar únicamente el perdón, la esperanza en el futuro y el olvido de lo pasado.

Este ejemplo de memoria histórica "familiar" es un revulsivo, y es recuperado para la actualidad, después de que los Zetas, Llamazares, etcétera, legislan contra el nombre de nuestros Beatos Mártires y contra el Catolicismo español. Por ello, una historia que se había quedado en el ámbito familiar, como tantas otras, es necesario exponerla públicamente para que su ejemplo cunda entre los Católicos, Tradicionalistas Carlistas, españoles de buena fe, etc.

No hubiese hecho falta si estos individuos no hubiesen hecho leyes cuyo único sentido jurídico es la ira y el rencor.

Cuando los católicos Beatos Mártires y sus familias o amigos habían perdonado todo dentro de esa Iglesia Doméstica que es la Familia, nos están obligando, y lo vemos a diario en la prensa, a hacer públicos los sufrimientos que provocaron las hordas incontroladas de la izquierda, para mayor Gloria de Dios, ejemplo a seguir y valentía que imitar.

La cultura de la muerte estalinista de los Zetas, hace que encuentros como el de las Familias Cristianas del pasado 30 de diciembre, tuviesen una repercusión mundial importante y, sobre todo, nos hace pensar que nada material vale la pena, sino únicamente nuestro espíritu en Gracia de Dios, y su Paz, dándonos fuerzas para salir a cara descubierta al tendido del "sistema antidemocrático" que estamos viviendo. Es lo único que vale la pena. Dar la vida por los demás, para mayor Gloria de Dios Padre, de Nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima Virgen María. Para que España no sea una nación que penaliza al católico en sus más profundas creencias.

La tía me regaló la cruz de la abuela. La guardo como oro en paño, como reliquia y recuerdo de la valentía de las madres católicas en la República de 1931.

Citando a Santa Teresa de Ávila, en epístola a San Juan de la Cruz, decía que "corren tiempos recios". Pero ante ello, también Santa Teresa interesaba: "que nada te turbe, que nada te espante", en referencia a la íntima unión mística con Cristo, cuyo poder quedó demostrado al hacer de Teresa de Ávila la Primera Doctora de la Iglesia Universal.

Busquemos todos la cruz de la abuela, y carguemos con ella.

 

PUBLICADO POR EL DIARIO "LAS PROVINCIAS" EL 13 DE ENERO DE 2008

 

 

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