|
 |
La tía estaba buscando
entre sus cosillas, cuando ví una cruz
metálica, sobredorada, muy bonita y
completa, pues a los pies de Nuestro Señor
Jesucristo, llevaba la calavera con dos
tibias cruzadas recordando que venció a la
muerte.
Le pregunté a la tía
por aquella cruz y me contó su historia.
Historia que se había guardado en la familia
y que, como en muchas familias católicas que
padecieron la guerra de 1936-1939, habían
quedado en sus corazones. A partir de esto,
el perdón.
La tía me contó que en
la Segunda República, cuando el Gobierno
ordenó la retirada de los crucifijos de las
escuelas, todas las madres católicas que
tenían hijos en edad de ir al colegio,
decidieron colgarse al cuello esa bellísima
cruz dorada.
Las circunstancias,
mucho más extremas que las actuales, dan un
valor si cabe más intenso a este hecho que
me demuestra que las madres católicas de la
época también plantaron cara a las
decisiones del Gobierno republicano, con una
valentía que luego, pasado todo, las que
quedaron, guardaron en su corazón para sacar
únicamente el perdón, la esperanza en el
futuro y el olvido de lo pasado. |
|
Este ejemplo de memoria
histórica "familiar" es un revulsivo, y es
recuperado para la actualidad, después de
que los Zetas, Llamazares, etcétera,
legislan contra el nombre de nuestros Beatos
Mártires y contra el Catolicismo español.
Por ello, una historia que se había quedado
en el ámbito familiar, como tantas otras, es
necesario exponerla públicamente para que su
ejemplo cunda entre los Católicos,
Tradicionalistas Carlistas, españoles de
buena fe, etc.
No hubiese hecho falta
si estos individuos no hubiesen hecho leyes
cuyo único sentido jurídico es la ira y el
rencor.
Cuando los católicos
Beatos Mártires y sus familias o amigos
habían perdonado todo dentro de esa Iglesia
Doméstica que es la Familia, nos están
obligando, y lo vemos a diario en la prensa,
a hacer públicos los sufrimientos que
provocaron las hordas incontroladas de la
izquierda, para mayor Gloria de Dios,
ejemplo a seguir y valentía que imitar.
La cultura de la muerte
estalinista de los Zetas, hace que
encuentros como el de las Familias
Cristianas del pasado 30 de diciembre,
tuviesen una repercusión mundial importante
y, sobre todo, nos hace pensar que nada
material vale la pena, sino únicamente
nuestro espíritu en Gracia de Dios, y su
Paz, dándonos fuerzas para salir a cara
descubierta al tendido del "sistema
antidemocrático" que estamos viviendo. Es lo
único que vale la pena. Dar la vida por los
demás, para mayor Gloria de Dios Padre, de
Nuestro Señor Jesucristo y de la Santísima
Virgen María. Para que España no sea una
nación que penaliza al católico en sus más
profundas creencias.
La tía me regaló la
cruz de la abuela. La guardo como oro en
paño, como reliquia y recuerdo de la
valentía de las madres católicas en la
República de 1931.
Citando a Santa Teresa
de Ávila, en epístola a San Juan de la Cruz,
decía que "corren tiempos recios". Pero ante
ello, también Santa Teresa interesaba: "que
nada te turbe, que nada te espante", en
referencia a la íntima unión mística con
Cristo, cuyo poder quedó demostrado al hacer
de Teresa de Ávila la Primera Doctora de la
Iglesia Universal.
Busquemos todos la cruz
de la abuela, y carguemos con ella.
PUBLICADO POR EL DIARIO "LAS PROVINCIAS" EL
13 DE ENERO DE 2008 |