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VIGILIA DE LA SANTA CRUZ EN LIRIA
Sr. Presidente y Sres. Directivos del
Círculo San Miguel, correligionarios
carlistas y amigos todos:
Un año más hemos de dar gracias a Dios por
permitirnos compartir la casa y la mesa de
los carlistas de Liria en la víspera del Día
de la Exaltación de la Santa Cruz, para
cumplir la voluntad del Rey Don Alfonso
Carlos I.
Este acto que tiene una parte íntima y otra
pública, en la calle, viene a significar la
necesidad de la coherencia entre lo que se
cree en la privacidad de la conciencia y lo
que se practica en la vida familiar,
profesional, cultural, social y política. El
liberalismo tolera el hecho religioso
siempre que no transcienda al exterior ni
influya en las decisiones de gobierno.
Quieren un Dios irrelevante, que es lo más
parecido a un Dios inexistente.
Pero el Dios de los cristianos es un Dios
que interviene en la historia, un Dios que
se hizo hombre por amor al hombre. Que llevó
ese amor al extremo de la muerte. Y que
venció a la propia muerte y nos abrió la
puerta de la esperanza. Los hombres, sean
tiranos o mayorías democráticas, no tienen
derecho a reducir la realeza de Cristo al
límite de las sacristías y de los ámbitos
sagrados.
Benedicto XVI reprocha a la Europa política
su olvido de las raíces cristianas que
constituyen sus cimientos históricos. Esa
omisión denunciada en la fracasada
Constitución europea fue en su día aclamada
como fruto del consenso democrático en el
texto constitucional español de 1978 por
casi todos, excepto una minoría en la cual
nos contamos, en su día, los carlistas.
Ese vacío en las leyes es un pecado
colectivo que está dando sus frutos. Los más
amargos el homicidio despenalizado de ya
millones de seres humanos inocentes en el
vientre de sus madres, la ruptura de la
familia, pilar fundamental de la sociedad,
la violencia doméstica, la equiparación de
las uniones civiles de personas del mismo
sexo al matrimonio tradicional, la
proliferación de sectas y falsas religiones…
Que este acto, humilde y fuera de los
noticiarios, sirva de homenaje a la Cruz,
que más que un instrumento de tortura y de
muerte, significa para nosotros la única
esperanza de salvación para las personas y
las sociedades. El Señor nos enseña a llevar
cada uno nuestra propia cruz y a seguirle en
su camino. Que Él nos dé fuerzas para
cumplir con nuestros deberes y para defender
nuestras libertades. Sobre todo la santa
libertad de obedecer a Dios antes que a los
hombres.
Que venga a nosotros su Reino. Y que nuestro
trabajo y nuestro esfuerzo se dirijan a ese
supremo fin.
¡Viva Cristo Rey!
¡Viva España!
¡Viva el Rey legítimo!
Liria, 2 de mayo de 2007 |