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Como es ya gozosa tradición, el Círculo San
Miguel de Liria organizó una cena el 2 de
mayo, vigilia de la fiesta de la exaltación
de la Santa Cruz. Este año la convocatoria
atrajo a unos sesenta carlistas o
simpatizantes.
A los postres tomó la palabra el presidente
de la entidad liriana, Miguel Vergara
Hernández, que agradeció su presencia a los
asistentes y el esfuerzo de confección de la
cruz de mayo de flores a dos margaritas de
la ciudad de la música y se congratuló del
arraigo de esta cena anual en el casino
carlista. Seguidamente, a petición de Miguel
Vergara, intervino José Miguel Orts,
presidente regional de la Comunión
Tradicionalista Carlista, que glosó el
significado del culto cristiano a la Cruz:
como asunción de las propias cruces de la
vida y alivio solidario de las cruces del
prójimo y como significante del mensaje
cristiano que eleva el sentido del dolor y
del sacrificio a la categoría de redención.
Don Alfonso Carlos I encargó a los carlistas
honrar este símbolo como corresponde a
quienes hacen de la política un servicio
para la consecución del Reinado Social de
Cristo. Hace unos días un periodista
“progre” ante el espectáculo de la
movilización de masas en torno a los
funerales por Juan Pablo II advertía a los
católicos que no se hicieran ilusiones: la
popularidad carismática del anterior Papa
como mensajero no implicaba la aceptación de
su mensaje por el mundo. Ese mismo mensaje
es el que presenta Benedicto XVI
providencialmente elegido en el Cónclave. De
ahí los ataques y prejuicios con que ha sido
acogido por los enemigos de la Iglesia.
Ahora más que nunca los católicos en general
y los carlistas en concreto hemos de unirnos
al Papa como humildes pero efectivos
trabajadores de la viña del Señor. Sin
miedos ni complejos. Proponiendo y no
imponiendo la fe. Obedeciendo a Dios antes
que a los hombres. Ese es el culto debido a
la Cruz de Cristo en un mundo sin Dios.
Un brindis por el nuevo Papa Benedicto XVI,
por el Círculo San Miguel y por la Comunión
Tradicionalista Carlista puso punto final a
la cena. A continuación, ante la cruz de
mayo colocada en la fachada del Círculo, los
asistentes entonaron la Salve Regina y el
Oriamendi, subrayado por los vítores a
Cristo Rey, a España y al Rey legítimo. |